La Administración del presidente Donald Trump ya trabaja en protocolos específicos para enfrentar un posible éxodo masivo de cubanos en caso de un colapso del régimen en la isla, según reveló la secretaria de Seguridad Nacional de Estados Unidos, Kristi Noem, durante un encuentro reciente en Miami. La información fue dada a conocer por el periodista cubano Yusnaby Pérez, quien citó directamente a la funcionaria como fuente.
De acuerdo con Pérez, Noem confirmó que Washington no improvisará ante un escenario que muchos consideran cada vez más probable: el derrumbe del sistema político instaurado en Cuba hace más de seis décadas. “Hay plan. Hay protocolos”, habría asegurado la secretaria, subrayando que su equipo ya trabaja en los detalles legales y logísticos necesarios para responder a una crisis migratoria de gran escala.
Las declaraciones marcan uno de los pronunciamientos más claros hasta ahora de una alta funcionaria del Gobierno estadounidense sobre la posibilidad de una ola migratoria desde Cuba, en un contexto de creciente presión económica, apagones prolongados, escasez de combustible y tensiones políticas tanto dentro como fuera de la isla.
Según la información divulgada por Yusnaby Pérez, Noem también hizo referencia a la estrategia histórica del Gobierno cubano de utilizar la migración como herramienta de presión política. Durante décadas, La Habana ha recurrido a amenazas de apertura de fronteras marítimas o ha tolerado salidas masivas como forma de enviar mensajes a Washington, tal como ocurrió en crisis migratorias anteriores.
Sin embargo, la funcionaria dejó claro que el escenario actual es distinto. “Las fronteras están cerradas”, habría enfatizado, recordando que la política de “pies secos, pies mojados”, que garantizaba la entrada a territorio estadounidense a los cubanos que lograran pisar suelo firme, fue eliminada durante la administración de Barack Obama y no ha sido restablecida. El mensaje, según Noem, es inequívoco: lanzarse al mar ya no garantiza el acceso a Estados Unidos.
Sobre la posibilidad de deportaciones en caso de un aumento significativo de llegadas irregulares, la secretaria evitó una respuesta categórica. No confirmó ni descartó esa opción, pero indicó que su departamento analiza cuidadosamente todos los escenarios posibles. “No fue un sí ni un no”, señaló Pérez, destacando que el énfasis estuvo puesto en la preparación anticipada y no en decisiones improvisadas.
Las declaraciones de Noem se producen en un momento de especial fragilidad para Cuba. La crisis económica se ha profundizado tras el corte del suministro de petróleo desde Venezuela, los apagones se extienden durante más de la mitad del día en muchas regiones y la emigración continúa siendo una válvula de escape para cientos de miles de cubanos.
Para Washington, el posible “final de una era” en Cuba —como lo describió la funcionaria, según el periodista— es seguido de cerca desde el punto de vista de la seguridad nacional y la gestión migratoria. La preparación de protocolos busca evitar una situación caótica en el estrecho de la Florida y enviar una señal clara tanto al Gobierno cubano como a la población de la isla.
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