MLB.com
Este domingo arranca una nueva edición de la Serie del Caribe, uno de los torneos más tradicionales y simbólicos del béisbol en la región, pero lo hace envuelta en un contexto especial, marcado por ausencias que pesan tanto como las presencias. En el diamante estarán República Dominicana, Puerto Rico, México y Panamá, los cuatro contendientes oficiales de la edición 2026, mientras Venezuela y Cuba, dos pilares históricos del certamen, observarán desde la distancia.
La ausencia venezolana no responde a razones deportivas. Venezuela había sido designada sede original del evento, pero factores extradeportivos, especialmente vinculados a la situación política y a preocupaciones logísticas y de seguridad, provocaron que varias ligas caribeñas declinaran viajar al país. La Confederación del Caribe optó entonces por trasladar el torneo a México, decisión que terminó dejando fuera a la Liga Venezolana de Béisbol Profesional, que prefirió no sumarse bajo el nuevo escenario.
En el caso de Cuba, la situación resulta aún más simbólica. La isla había sido invitada a participar cuando Venezuela figuraba como sede, pero ese respaldo no se sostuvo tras el cambio de escenario. Así, Cuba quedó excluida de una Serie del Caribe en la que su nombre sigue teniendo un peso histórico enorme, aun cuando su presencia en los últimos años ha sido intermitente. La exclusión generó críticas y reavivó el debate sobre el lugar real del béisbol cubano dentro del principal evento profesional del Caribe.
La paradoja es mayor si se mira al pasado reciente. En 2018, ese mismo estadio en Guadalajara fue sede de la Serie del Caribe, y allí sí estuvo Cuba, representada por los Alazanes de Granma. Aquella participación marcó el regreso cubano al torneo tras años de ausencia y dejó momentos memorables: victorias importantes, competitividad frente a ligas profesionales y una conexión especial con la afición. Aunque Cuba no alcanzó el título, demostró que podía competir y aportar identidad a un evento que siempre la consideró parte de su esencia.
Ocho años después, el escenario se repite, pero el contexto es distinto. La Serie del Caribe vuelve a México, el público se prepara para disfrutar de buen béisbol y, sin embargo, Cuba vuelve a ser más recuerdo que realidad. Su ausencia no es solo una cuestión de calendario o invitaciones; es el reflejo de una relación compleja entre tradición, política, estructuras deportivas y un torneo que intenta adaptarse a nuevos tiempos sin desprenderse de su historia.
Por eso, cada lanzamiento de este domingo tendrá también un eco del pasado. Porque en la Serie del Caribe, Cuba sigue siendo nostalgia, memoria viva y punto de comparación inevitable, incluso cuando no aparece en el lineup.
Díaz-Canel suaviza el tono y abre la puerta a un diálogo con Washington sin “presiones”
Hace 7 horas
Trump asegura que si Cuba se alinea con EE.UU, la emergencia nacional pudiera modificarse
Hace 1 día