La capital cubana amanece con un nuevo lenguaje escrito en sus paredes. En medio de un clima de creciente tensión política y social, continúan apareciendo carteles y graffitis en distintos puntos de La Habana con mensajes abiertamente contrarios al régimen cubano y de apoyo explícito al presidente estadounidense Donald J. Trump.
Las consignas “Viva Trump” y “Viva Armando Labrador” han sido vistas recientemente en lugares simbólicos como el parque El Curita y zonas cercanas al Capitolio, espacios altamente vigilados por la Seguridad del Estado.
Armando Labrador, exiliado cubano y figura visible del movimiento Cuba Primero, se ha convertido en un referente para muchos dentro de la Isla que ven en su activismo una voz firme contra la dictadura castrista. La presencia de su nombre en estas pintadas no es casual: representa el eco del exilio resonando en el corazón mismo del poder.
Este fenómeno se produce tras las nuevas medidas adoptadas por Donald Trump contra el régimen de La Habana. En una Orden Ejecutiva de fuerte impacto político, el mandatario declaró Emergencia Nacional en Estados Unidos y calificó oficialmente al régimen cubano como un “peligro para la seguridad nacional de EE.UU. y de los países de la región”. Para amplios sectores del pueblo cubano, esta decisión fue interpretada como una señal clara de respaldo internacional a su lucha por la libertad.
Sin embargo, la respuesta del régimen no se ha hecho esperar. El nerviosismo es palpable y se traduce en un aumento de la represión, vigilancia y borrado sistemático de cualquier mensaje considerado “subversivo”. Aun así, los carteles reaparecen. Las paredes vuelven a hablar. Y ese detalle, aparentemente simple, encierra un cambio profundo: el miedo ya no paraliza como antes.
Mientras la propaganda oficial intenta vender una imagen de control absoluto, la realidad se filtra en las esquinas, en los muros improvisados y en la valentía anónima de quienes escriben de noche lo que muchos piensan de día. La Habana se calienta, no solo por la presión externa, sino por un descontento interno que ya no acepta el silencio como única opción.
Las calles están enviando un mensaje claro. Y esta vez, el eco no se puede ocultar.
Fuentes: Javier Díaz - La Tijera News
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