Dos jóvenes murieron ahogados durante un intento de salida irregular de Cuba por vía marítima, luego de que una embarcación utilizada para transportar a un grupo de personas sufriera una avería en alta mar, según una publicación difundida por el perfil oficialista cercano a la Policía De Canallas y sus Canalladas.
De acuerdo con esa fuente, una lancha rápida de pequeño tamaño, equipada con un solo motor, ingresó ilegalmente a territorio cubano por la zona de Manuel Lazo, conocida como “Cayuco”, en el municipio Sandino, Pinar del Río. La embarcación habría llegado con el propósito de realizar una operación de tráfico ilegal de personas.
En la lancha viajaban inicialmente tres jóvenes que actuaban como tripulantes y que, según la información divulgada, no contaban con la experiencia marítima necesaria para una travesía de ese tipo. Posteriormente fueron embarcadas otras 13 personas, con un supuesto destino final en Cancún, México.
La situación se agravó cuando el motor sufrió una avería mientras la embarcación se encontraba en alta mar. Los ocupantes intentaron regresar hacia la costa cubana utilizando los medios disponibles para mantener la lancha a flote.
La emergencia terminó en tragedia en las inmediaciones de Los Paredones, en la zona costera de El Uberal, al sur de Sandino. Según la versión difundida, varias de las personas a bordo se lanzaron al mar en un intento desesperado por llegar a tierra.
Dos jóvenes perdieron la vida por ahogamiento. Sus muertes dejan nuevamente al descubierto los enormes riesgos que asumen los cubanos que intentan abandonar la isla mediante operaciones marítimas clandestinas.
Los tres presuntos tripulantes fueron detenidos y, según la publicación oficialista, serán puestos a disposición de los tribunales para responder por su participación en una operación de tráfico ilegal de personas.
El hecho vuelve a poner sobre la mesa el drama de la emigración cubana y las circunstancias que llevan a ciudadanos, especialmente jóvenes, a arriesgar sus vidas para abandonar el país. La prolongada crisis económica, la escasez, los bajos ingresos, los apagones y la falta de expectativas han alimentado durante años el deseo de emigrar.
Sin embargo, señalar esas condiciones no implica desconocer los riesgos de las salidas clandestinas ni la responsabilidad de quienes organizan operaciones de tráfico de personas. Las embarcaciones precarias, la falta de condiciones de navegación y las averías pueden convertir rápidamente una travesía en una tragedia.
La tragedia constituye una nueva advertencia sobre el peligro de confiar la vida a traficantes y embarcaciones incapaces de garantizar una travesía segura.
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