Con su particular mezcla de ironía, humor y crítica social, el humorista cubano Ulises Toirac volvió a poner sobre la mesa uno de los problemas que más golpean a los cubanos: la pérdida de valor del peso cubano, el aumento constante de los precios y las decisiones económicas que, lejos de aliviar la situación, pueden terminar agravando las distorsiones del mercado. En una extensa reflexión publicada en redes sociales, toirac cuestionó los precios topados, la circulación de dinero y la falta de mecanismos de transparencia que permitan conocer qué ocurre realmente con los recursos y las operaciones económicas en el país.
Toirac parte de una expresión popular para describir la pérdida de valor del peso cubano: “el quilo no tiene vuelto”. Desde ahí sostiene que el cup y el dólar prácticamente funcionan en mundos diferentes.
“El dólar y el CUP no pertenecen al mismo universo”, escribió mientras calificó al peso cubano como una “realidad paralela”.
El humorista también cuestionó la forma en que las autoridades enfrentan el incremento de los precios. Según su análisis, primero se permite que determinados productos alcancen precios muy elevados y posteriormente se establecen valores oficiales inferiores, aunque todavía muy por encima de los que existían originalmente.
Con su habitual tono sarcástico, describió esta dinámica de una manera particular: “me visto de Superman y pongo precios menores que los del cosmonauta en su cohete”.
Toirac también criticó la combinación de mayor circulación de dinero y controles sobre los precios. A su juicio, establecer topes sin garantizar una oferta suficiente puede provocar que los productos desaparezcan de los canales formales y terminen desplazándose hacia el mercado negro.
Pero uno de los puntos más contundentes de su publicación fue su reclamo de transparencia. Para el humorista, cualquier operación económica debería poder ser examinada, investigada y fiscalizada, independientemente de quién participe.
“Todo debe poderse auditar. Todo debe permitir ser investigado y analizado”, afirmó. Su exigencia abarca tanto a las instituciones públicas como al sector privado, desde “el mayor cargo público hasta la compra de huevos de una empresa”.
La reflexión termina con otra dosis de ironía al referirse a quienes podrían beneficiarse de un sistema poco transparente: “Buenos clientes de Dior y Patek Philippe”.
Fuente: Ulises Toirac
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