En las calles de Cárdenas muchos conocen a Yurdalis por verla caminar con varias capas de ropa, mochilas y objetos que va recogiendo. Pero antes de convertirse en esa figura habitual de la ciudad, fue una mujer alegre, cuidada, trabajadora y llena de vida. El relato publicado por Christian Arbolaez rescata esa historia y plantea una mirada más humana sobre su deterioro: detrás de una persona que hoy vive en condiciones de extrema vulnerabilidad hay una vida que alguna vez fue distinta. Y en esa transformación también puede verse el retrato de un pueblo golpeado por la pobreza, el abandono y la pérdida progresiva de oportunidades.
Hay historias que conmueven porque hablan de una persona y otras que duelen porque, al mirarlas con detenimiento, terminan hablando de muchos. La historia de Yurdalis pertenece a las dos.
Christian Arbolaez recordó en redes sociales a la mujer que fue antes de convertirse en una presencia habitual de las calles de Cárdenas: “Una mujer que se arreglaba, vestía bien, trabajaba en Varadero y llamaba la atención por su porte y simpatía”.
Quienes la conocieron entonces la describen como sociable, alegre, conversadora y afectuosa. Hoy, en cambio, recorre las calles con mochilas, libros y objetos que encuentra, habla sola y puede mostrarse alterada.
Sobre las causas de su deterioro existen distintas versiones. Arbolaez recoge testimonios que hablan de problemas de salud mental, internamientos y períodos de mejoría cuando recibe tratamiento. Sin embargo, advierte que no existe una explicación única y definitiva sobre lo ocurrido.
Y ahí comienza la parte más dolorosa de esta historia.
Porque Yurdalis no es solamente una mujer que perdió el rumbo. Es también el reflejo de una sociedad que ha visto cómo demasiadas personas van quedando detrás.
Su transformación, de una mujer trabajadora y cuidada a una persona que sobrevive en las calles, puede leerse como una metáfora de la propia Cuba: un país donde tantas vidas han pasado de la esperanza a la supervivencia, donde la precariedad se vuelve cotidiana y donde la vulnerabilidad termina normalizándose.
“Hoy Yurdalis recorre las calles cubierta con ropas y atuendos, cargando mochilas, libros y cuanto encuentra en su camino”, relata Arbolaez.
Pero también conserva gestos de aquella mujer que fue: saluda, pregunta cómo están los demás y agradece cuando alguien le ofrece comida o ayuda.
“Yurdalis no es solamente ‘esa mujer que anda por las calles’. Es una persona. Es una historia. Es alguien que tuvo sueños, trabajo, amistades y una vida completamente diferente”.
Tal vez por eso su historia conmueve tanto. Porque en su deterioro muchos pueden reconocer el deterioro de un pueblo entero: personas que alguna vez tuvieron proyectos, hogares, trabajos y sueños y que hoy luchan simplemente por sobrevivir.
“Juzgar un poco menos y mirar un poco más allá de las apariencias”, propone Arbolaez.
Yurdalis merece ser mirada así. Pero también Cárdenas. También Cuba.
Fuente: Christian Arbolaez