Mons. Marcelo Arturo González Amador, obispo de la diócesis de Santa Clara y actual presidente de la Conferencia de Obispos Católicos de Cuba, afirmó que la difícil realidad que vive la isla fue un factor clave para aplazar la visita ad limina que los obispos cubanos tenían programada al Vaticano. González Amador, de 70 años y al frente de la diócesis desde 1999, explicó el pasado domingo ante los fieles en la Catedral de Santa Clara las motivaciones detrás de la decisión y lanzó una tajante crítica a la situación social y económica del país.
“Seguramente escucharon que los obispos habíamos suspendido la visita al Santo Padre. No se suspendió, se aplazó”, aclaró el prelado, resaltando que la razón principal fue pastoral: permanecer junto al pueblo cubano en un momento de especial dificultad. Más allá de problemas logísticos como la falta de combustible para vuelos, Mons. González subrayó que sería preocupante que los obispos salieran de Cuba y quedaran ausentes de las necesidades de la población si llegaran a ocurrir situaciones críticas o dolorosas durante su ausencia.
En un mensaje contundente, el obispo afirmó: “Cuba tiene que cambiar, como estamos viviendo no es humano”, resaltando la gravedad del deterioro social que enfrenta la nación caribeña y la urgente necesidad de soluciones reales que respondan al sufrimiento de sus habitantes. Para González Amador, la decisión de posponer el viaje a Roma responde a una clara opción de acompañamiento pastoral: “¿Dónde tienen que estar los padres? (…) Al lado de los hijos. Estar al lado de nuestro pueblo”.
El prelado también hizo un llamado a la reflexión y al diálogo para enfrentar la crisis: insistió en que es fundamental “sentarse, hablar y escuchar” para buscar caminos que garanticen el bien común frente a las complejas condiciones actuales. Ante la pregunta de un periodista sobre qué consejo daría al mundo respecto al pueblo cubano, Mons. González pidió que no se olviden de Cuba, que miren de cerca su realidad y el dolor de su gente.
Nacido el 16 de enero de 1956 en Placetas, Cuba, Monseñor González Amador fue ordenado sacerdote en 1983 y consagrado obispo en 1998. Desde 1999 dirige la diócesis de Santa Clara, que abarca las provincias de Villa Clara y Sancti Spíritus, y ha desempeñado roles importantes dentro del episcopado cubano, incluyendo la presidencia de la Conferencia de Obispos Católicos de Cuba para el trienio 2024‑2027.
La postura de Mons. González llega en un momento en que sectores de la sociedad cubana y la comunidad internacional observan con atención el agravamiento de la situación socioeconómica en la isla, marcando un llamado a la solidaridad y al reconocimiento del sufrimiento del pueblo cubano.
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