En lo que va de 2025, los hospitales de Matanzas han recibido a cuatro niños víctimas de maltrato, una cifra alarmante que ya supera los tres casos reportados en todo 2024. Este fenómeno no solo refleja la gravedad de la violencia contra los más vulnerables, sino que también evidencia una tendencia de normalización social que debe ser urgentemente frenada.
Uno de los episodios más desgarradores ocurrió a mediados de julio en el Hospital Pediátrico "Eliseo Noel Caamaño". Un niño de tan solo dos años ingresó en estado crítico, con signos de violencia física, fiebre alta y shock séptico, falleciendo después de tres días de intensos esfuerzos médicos. La tragedia tocó profundamente a la comunidad médica y abrió el debate sobre el creciente maltrato infantil en la provincia.
El maltrato infantil no es solo una cuestión de agresión física. Las estadísticas y los testimonios de expertos revelan que, a menudo, lo que se presenta como "accidentes" son en realidad episodios de negligencia o violencia.
Según la doctora Eldalina Rodríguez, pediatra con vasta experiencia, “el 99% de los accidentes en niños son evitables” y, detrás de muchos de estos accidentes, se esconden marcas de abuso físico o psicológico.
Las formas de maltrato son diversas: desde el abuso físico hasta la negligencia, el abuso sexual, y la violencia psicológica. Un fenómeno tan complejo que, según la psicóloga Anelkys Reyes, también puede iniciarse incluso antes del nacimiento, con el rechazo a un embarazo no deseado. “Un niño maltratado puede convertirse en un adulto maltratador”, advierte Diadenis Romero, otra especialista en el tema.
La violencia familiar, el estrés, la pobreza y la falta de educación en crianza son factores que alimentan esta problemática, perpetuando un ciclo destructivo que afecta tanto el bienestar físico como emocional de los niños. Las secuelas son profundas y perduran mucho después de las lesiones visibles.
A pesar de las intervenciones legales y médicas, el maltrato infantil sigue siendo un tema difícil de abordar, en parte debido a un subregistro en los casos. La falta de denuncias y la aceptación de explicaciones que no siempre son verídicas contribuyen a que muchos casos no lleguen a las autoridades pertinentes.
Es crucial que los padres, la comunidad y las autoridades trabajen juntos para prevenir el maltrato infantil. La educación desde la infancia, la conciencia sobre el respeto al cuerpo y la creación de un entorno seguro son esenciales para erradicar esta triste realidad. Como resalta la doctora Rodríguez, “los golpes no enseñan, las ofensas destruyen”.
A medida que la sociedad se enfrenta a este desafío, proyectos como Arcoiris, que brindan atención psicológica a víctimas de abuso, tienen un papel vital en la prevención de secuelas emocionales a largo plazo. Además, la necesidad de crear espacios de confianza donde los niños puedan hablar sin miedo es un paso fundamental para que ninguno quede atrapado en el ciclo del maltrato.
Cada caso de maltrato es una llamada de atención. No podemos permitir que la violencia contra nuestros niños siga siendo una norma silenciosa. Es momento de reaccionar y actuar.
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