El malestar entre los cubanos alcanza niveles alarmantes. En medio de una crisis energética y económica sin precedentes, el régimen de Miguel Díaz-Canel insiste en que la población debe “resistir” y “sacrificarse”, mientras la élite castrista mantiene su estilo de vida opulento. La escasez de alimentos, medicinas, electricidad y combustibles ha sumido a la isla en una tensión social creciente, mientras la cúpula gobernante se aferra al poder con la misma determinación que en los últimos 67 años.
El gobierno implementa recortes severos en servicios esenciales, en un intento por enfrentar la asfixia causada por la reducción de suministros de petróleo y la presión de sanciones internacionales, medidas que recuerdan los días del “Período Especial” de los años 90. A pesar de que estas decisiones afectan directamente la vida cotidiana de millones de cubanos, los dirigentes permanecen impasibles, disfrutando de privilegios y protecciones que contrastan brutalmente con las necesidades básicas del pueblo. La diferencia entre sacrificio impuesto y lujo sostenido se ha vuelto una fuente constante de indignación.
Las redes sociales reflejan este descontento generalizado. Ciudadanos expresan su frustración y cansancio ante promesas de sacrificio que nunca se traducen en mejoras tangibles. Comentarios de usuarios como Rosa Blanca Roja, que escribe: “No tenemos luz, ni gas, ni comida, ni fuerzas para seguir resistiendo”, o de Niuris Pérez, que denuncia la hipocresía de quienes llaman a defender el socialismo mientras ellos disfrutan de privilegios, muestran una paciencia que se ha agotado.
El periodista José Raúl Gallegos advierte que la cúpula está dispuesta a todo para mantener sus beneficios, incluso a costa de la vida de la población, y que solo una presión real sobre sus propios intereses podría obligarlos a ceder.
En paralelo, el aislamiento energético de Cuba se ha intensificado por la amenaza de sanciones de Estados Unidos, que podría afectar el suministro de petróleo, dejando al país con aún menos recursos para sostener sus necesidades básicas y generar tensiones sociales mayores. A medida que los cubanos enfrentan apagones, limitaciones en transporte y restricciones en servicios esenciales, la percepción de injusticia y desigualdad se profundiza, aumentando la presión sobre un régimen que parece dispuesto a resistir cualquier cambio.
La crisis actual pone en evidencia la vulnerabilidad de la población frente a un sistema que prioriza la conservación de privilegios de una minoría sobre la supervivencia de millones de ciudadanos. La frustración se hace visible y palpable, y el reclamo por cambios estructurales y la salida del régimen se intensifica, mientras la cúpula castrista continúa atrincherada en el poder, sin señales de ceder.
Fuente: Periódico Cubano
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