La comunicadora y actriz cubana Laritza Camacho publicó una reflexión sobre la vida cotidiana en la isla, en la que contrapone la solidaridad, las tradiciones y la alegría de los cubanos con una realidad marcada por la escasez, la inflación, los apagones, la inseguridad y la emigración.
Laritza Camacho compartió una extensa reflexión sobre la realidad que atraviesa Cuba, utilizando los recuerdos de la vida cotidiana para contrastarlos con las dificultades que, a su juicio, caracterizan el presente de la isla.
En su publicación, titulada “La magia del verano”, Camacho evoca las reuniones familiares y entre amigos, los almuerzos, el café, la música y las partidas de dominó como parte de una tradición que considera cada vez más difícil de sostener.
“Lo típico sería invitar a café, conversar en voz alta con la carcajada abierta”, escribió la comunicadora, quien también recordó los platos de la cocina cubana, los intercambios entre familiares y la costumbre de compartir incluso cuando los recursos son escasos.
"...Luego servir congrí y romper unos tostones fritos con grasita de puerco y un pedazo de carne asada ´aunque sea un ñisquito, pero tienes que probarla pues quedó de rechupete´...picar tamales que pican y no pican, como los de Olga y luego otro café, que si no el almuerzo no está completo"...
Camacho destaca además la generosidad de los cubanos con quienes llegan de visita. “Y coge esto para el niño... y mira estos zapaticos que todavía dan un plante”, relata recreando una escena de solidaridad familiar que contrasta con la precariedad económica.
Sin embargo, la autora sostiene que esas costumbres chocan actualmente con una realidad marcada por múltiples dificultades. “Lo típico, lo normal... no existe”.
En su texto menciona la falta de alimentos, los problemas económicos, el transporte y la inflación. También cuestiona el escenario social y político del país mediante frases como “el trabajo es lucha, el transporte es maratón sudoroso” y “el pasado es teque, el presente es dolor y el futuro ¿será?”.
La emigración ocupa igualmente un espacio central en su reflexión. Camacho habla de quienes “se marchan o quieren hacerlo”, vinculando esa realidad con la pérdida de vínculos, talentos y momentos familiares.
El apagón aparece como uno de los símbolos de la crisis descrita. Hacia el final, la comunicadora recupera la imagen del dominó y señala que la partida queda “pospuesto otra vez por el apagón de mierda que nos deja a oscuras”.
Con un tono marcado por la nostalgia y la crítica, Camacho concluye reivindicando aquellas pequeñas tradiciones que, pese a las dificultades, forman parte de la identidad cubana: el café, la música, la comida, el abrazo, la conversación y la posibilidad de reunirse sin miedo.
Fuente: Larisa Camacho
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