Lara Crofs, conocida por su lucha por los derechos humanos, salió un día como tantos otros, con el firme propósito de ayudar. En su carro llevaba alimentos destinados a personas necesitadas, familias que dependen de la solidaridad para poder llevar algo a la mesa. También llevaba combustible que había conseguido con enorme sacrificio, pagando 3,500 CUP por litro en la bolsa negra, porque cuando se trata de ayudar, no hay excusas que valgan y también le fue sustraído.
Fue detenida de manera abrupta. Sin explicaciones claras y bajo amenazas, la obligaron a descender del vehículo. Lo primero que hicieron fue quitarle la gasolina del carro, 20 litros que representaban no solo 70,000 pesos cubanos —unos 140 dólares al cambio— sino también la posibilidad de seguir trasladando ayuda a quienes la esperan. Ese combustible era movimiento, era esperanza, era continuidad.
No satisfechos con eso, revisaron el vehículo y confiscaron la comida que ella repartía. El argumento fue que no tenía los papeles que demostraran dónde había sido comprada. En un contexto donde conseguir alimentos es ya una odisea, exigir facturas formales se convirtió en la excusa perfecta para arrebatar lo que no les pertenecía. Cada bolsa retirada no era solo un paquete de comida; era el almuerzo de un niño, la cena de un anciano, el sustento de una madre.
La situación escaló. Entre empujones y agresiones físicas, Lara recibió golpes que intentaron intimidarla, quebrarla, hacerla desistir. Pero si algo quedó claro ese día es que su fuerza no proviene de la comodidad ni del miedo, sino de la convicción. Las amenazas no lograron silenciarla. Intentaron advertirle que no podía salir más, que debía “atenerse a las consecuencias”. Sin embargo, cuando alguien actúa por amor y solidaridad, las consecuencias que realmente importan son las de seguir luchando.
Lo ocurrido no es solo un ataque contra una persona; es un golpe directo contra la solidaridad. Es un intento de frenar una misión humanitaria que ha llevado alivio a muchos hogares. Pero también es una prueba de resistencia. Porque lejos de rendirse, Lara Crofs ha decidido continuar. Seguirá junto a los suyos hasta el final, convencida de que la solidaridad no tiene fronteras y de que ayudar nunca puede ser un delito.
Hoy más que nunca, su historia es un llamado. Un recordatorio de que la ayuda mutua es más fuerte que la intimidación. Que la dignidad no se confisca. Que la gasolina se puede volver a comprar, la comida se puede volver a reunir, pero la voluntad de servir, cuando es auténtica, no se puede arrebatar.
Lara no se rinde. Y su misión continúa.
"La solidaridad para con los nuestros no puede tener fronteras. Quien nos quiera colaborar acá los datos.
"M.N 9205 9598 7787 1948
"Confirmar 50825677
"Zelle: 7869060526"
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