En Sancti Spíritus, la lucha por la vida de un joven de 29 años, Fidel Reinaldo Castro Reyes, pone en evidencia serias deficiencias en la atención hospitalaria. Desde hace más de un mes, Fidel se encuentra ingresado en el Hospital Provincial "Camilo Cienfuegos" con un cuadro crítico de VIH avanzado y toxoplasmosis, mientras su familia y su pareja enfrentan la incertidumbre de decisiones médicas que no llegan y respuestas que parecen dilatarse indefinidamente.
Según relata su pareja, Yasmina Alejandra Pino Irsula, estudiante de Enfermería, los primeros estudios confirmaron la toxoplasmosis y se administró tratamiento durante su ingreso inicial en otra sala. Posteriormente, fue trasladado a Ciego de Ávila para realizar una tomografía, que no mostró daño neurológico aparente. Sin embargo, tras regresar a Sancti Spíritus, la familia denuncia que la dirección del hospital no ha proporcionado información clara ni seguimiento visible, dejando al paciente en un limbo médico.
El joven sigue con tratamiento retroviral, que según la pareja ya no surte efecto debido a una probable resistencia viral. Además, presenta una escara lumbar avanzada con signos de infección, cuya atención por el servicio de Angiología fue solicitada sin que recibieran respuesta. Las fiebres altas diarias, tratadas únicamente con dipirona, suman preocupación, ya que no se ofrecen explicaciones sobre su origen ni medidas específicas para controlarlas.
Esta situación plantea preguntas éticas y humanas: ¿quién decide retrasar un tratamiento cuando la vida está en riesgo? ¿Quién responde ante la falta de información y seguimiento médico? Para la madre y la pareja de Fidel, cada día de espera aumenta la sensación de abandono y desesperanza.
El caso de Fidel Reinaldo no solo refleja un drama familiar, sino que evidencia problemas estructurales en el sistema de salud cubano, donde la calidad de atención depende muchas veces de la persistencia de los familiares, la denuncia pública o la capacidad de sobrevivir a la falta de respuestas institucionales. La atención médica, que debería ser un derecho garantizado, se convierte en un laberinto donde la espera prolongada puede ser mortal.
Hoy, mientras Fidel lucha por mantenerse con vida, su madre y su pareja enfrentan la angustia de la incertidumbre. La historia de este joven recuerda que en contextos de sistemas sobrecargados o desorganizados, la demora en la atención médica puede equivaler a una sentencia silenciosa, y plantea un llamado urgente a garantizar que los derechos fundamentales a la salud no dependan de la fortuna o la insistencia de quienes esperan cuidados.
Fuente: Yosmany Mayeta
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