Un nuevo capítulo en la compleja relación entre Venezuela, Cuba y Estados Unidos habría comenzado tras la reciente visita del secretario de Energía estadounidense, Chris Wright, a Caracas. Según el medio La Política Online, durante el encuentro con la vicepresidenta y presidenta encargada venezolana, Delcy Rodríguez, Washington solicitó expresamente que Venezuela se distancie de La Habana.
El viaje, supervisado por la encargada de Negocios de EE.UU. en Caracas, Laura Dogu, no se limitó a asuntos energéticos. Aunque la Casa Blanca habría habilitado dos licencias para que grandes petroleras operen en territorio venezolano, la agenda incluyó un mensaje político claro: reducir o interrumpir los vínculos con Cuba.
Fuentes diplomáticas citadas por el medio aseguran que la recomendación de Washington es evitar cualquier respaldo al Gobierno cubano, al que describen como en una etapa de fuerte fragilidad. En los últimos días, Venezuela habría dejado de enviar ayuda humanitaria a la isla y estaría evaluando suspender la contratación de más de 11.000 médicos cubanos que trabajan en el país sudamericano, una decisión que marcaría un giro significativo en la alianza histórica entre ambos gobiernos.
Este posible distanciamiento contaría con el respaldo del ministro del Interior venezolano, Diosdado Cabello, quien —según versiones extraoficiales— ha manifestado en privado su incomodidad con la influencia de La Habana en el aparato chavista. El enfriamiento de la relación también ha sido interpretado a la luz de declaraciones del embajador ruso en Caracas, Serguéi Mélik-Bagdasarov, quien tras la captura de Nicolás Maduro habló de supuestas traiciones internas.
El encuentro entre Wright y Rodríguez habría sido considerado “exitoso” por ambas partes. Además de los avances en materia petrolera, el presidente Donald Trump anunció una posible visita oficial a Caracas, un gesto diplomático de alto impacto. Paralelamente, Estados Unidos retiró del Caribe al portaaviones USS Gerald R. Ford, que ahora se dirige hacia Medio Oriente.
Según las versiones difundidas, Rodríguez habría asegurado a Washington que Venezuela podría desempeñar un papel en una eventual transición política en Cuba e incluso plantear a La Habana la revisión de casos de presos políticos como gesto inicial. Aunque no existen confirmaciones oficiales sobre negociaciones formales, la hipótesis de contactos discretos ha ganado espacio en círculos diplomáticos.
El posible reordenamiento del eje Caracas–La Habana se produce en un contexto de intensa actividad internacional de la administración Trump. El secretario de Estado, Marco Rubio, participó recientemente en la Conferencia de Seguridad de Múnich, donde enfatizó que la seguridad hemisférica es una prioridad estratégica para la Casa Blanca.
En paralelo, ejecutivos de los sectores petrolero, financiero y de infraestructura preparan viajes a Venezuela ante la expectativa de un eventual auge energético. Se proyectan foros de inversión en Nueva York y posibles reformas regulatorias en Caracas que abrirían espacio a actores privados en áreas como medios de comunicación y construcción.
La relación entre Cuba y Venezuela, durante años presentada como un bloque ideológico sólido, atraviesa así una etapa de redefinición. Mientras Washington incrementa su presión diplomática y económica, Caracas parece explorar un nuevo equilibrio que podría alterar el mapa político regional.
(Con información de La Política Online)
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