La activista cubana Irma Lidia Broek resalta en una de sus publicaciones la valentía y honestidad de Mari Serrano, bisnieta del comandante Guillermo García Frías, uno de los pilares militares de la dictadura castrista, al declarar públicamente: “¡Yo no soy comunista, yo no apoyo esta dictadura sangrienta!". Este pronunciamiento representa una ruptura simbólica y moral dentro de una de las familias que han mantenido y legitimado el régimen por más de seis décadas.
Mari Serrano, al repudiar la ideología y los crímenes de su bisabuelo, desafía no solo la tradición familiar, sino también la narrativa oficial que ha intentado ocultar las injusticias y atrocidades del régimen. Broek enfatiza que la declaración de la joven es “una fractura sísmica en el corazón mismo del castrismo”, mostrando que incluso quienes han heredado el poder pueden optar por la verdad y la justicia, en lugar de la complicidad.
La publicación denuncia la situación crítica en la isla: apagones constantes, hambre, represión y miedo generalizado. En ese contexto, se interpreta la postura de Mari como un acto de rebelión moral que desafía la permanencia de un sistema basado en el control y la opresión. Al señalar que “las máscaras se caen hasta en las familias del poder”, Irma Broek muestra cómo la verdad comienza a filtrarse incluso entre los descendientes de los jerarcas históricos, debilitando la legitimidad del régimen y estimulando un despertar ciudadano.
Mari Serrano se convierte así en un símbolo de resistencia y ruptura con la herencia de violencia. Su voz representa a los cubanos que buscan libertad y justicia, y evidencia que la lealtad familiar no tiene por qué sostener la opresión. La publicación enfatiza que este acto de valentía no es solo un comentario aislado, sino “un puñetazo en la cara de la dictadura”, un mensaje que sacude los cimientos de un sistema que ha mantenido a Cuba en una pesadilla de 67 años.
Broek concluye que la valentía de Mari Serrano evidencia grietas irreparables en el poder castrista, y advierte que “las grietas en el muro ya son imposibles de tapar”. Este acto, que combina desobediencia moral y coraje personal, es presentado como un hito que refuerza la esperanza de cambio y la fuerza de la verdad, mostrando que incluso en el seno de familias vinculadas al régimen, la conciencia y la justicia pueden prevalecer.
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