El gobernante cubano Miguel Díaz-Canel llamó a los ciudadanos a realizar una autocrítica y a fortalecer el llamado “poder popular” en medio de la profunda crisis económica y social que atraviesa Cuba, marcada por la escasez, los apagones y el deterioro de las condiciones de vida.
“Convoco a la autocrítica. No basta con condenar al imperio; debemos construir poder popular en las bases, ganar las calles, los barrios, las fábricas, las escuelas”, afirmó Díaz-Canel, según un mensaje divulgado por la Presidencia de Cuba.
La declaración ocurre cuando el Gobierno enfrenta un creciente descontento ciudadano por la situación económica y por el deterioro de servicios esenciales. Para amplios sectores de la población, las dificultades para conseguir alimentos, medicinas y combustible, junto con los prolongados apagones, se han convertido en parte cotidiana de la vida.
El llamado del mandatario a “ganar las calles” también contrasta con la realidad de un país donde las manifestaciones independientes y las expresiones públicas de descontento han sido reprimidas por las autoridades. La exigencia de mayor participación popular se produce, además, después de años en los que el poder político ha permanecido concentrado en las mismas estructuras.
Díaz-Canel ha recurrido reiteradamente al argumento de las sanciones estadounidenses para explicar la crisis cubana. Sin embargo, en esta ocasión su llamado a la autocrítica introduce un matiz al discurso oficial, al reconocer que no basta con responsabilizar al llamado “imperio” y que también existen problemas internos que deben ser enfrentados.
La interrogante es hasta dónde llegará esa autocrítica y si incluirá a quienes han dirigido el país durante décadas. El deterioro de la economía cubana no es un fenómeno reciente y se ha profundizado pese a las diferentes reformas y estrategias anunciadas por el Gobierno.
La apelación a construir “poder popular” plantea además un desafío para las propias autoridades: si los ciudadanos deben ganar las calles, los barrios, las fábricas y las escuelas, también deberían contar con espacios efectivos para expresar sus críticas, organizarse y reclamar soluciones sin temor a consecuencias políticas.
Mientras tanto, la población continúa enfrentando una crisis que ha reducido considerablemente su capacidad para cubrir necesidades básicas. Los salarios y pensiones han perdido poder adquisitivo, mientras los precios y la escasez obligan a muchas familias a depender de remesas y de redes informales para sobrevivir.
El mensaje de Díaz-Canel busca movilizar a las bases oficialistas y reforzar la participación ciudadana alrededor del proyecto político del Gobierno. Pero llega en un momento especialmente delicado, cuando una parte creciente de los cubanos cuestiona precisamente la capacidad de ese sistema para ofrecer respuestas a la crisis.
Fuente: Presidencia de Cuba
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