El nuevo anteproyecto de Ley de la Vivienda en Cuba introduce una de las modificaciones más significativas en décadas: el reconocimiento del derecho a poseer hasta dos viviendas en propiedad personal, sin contar la vivienda de descanso debidamente declarada en el título constitutivo. La medida marca un cambio relevante en el ordenamiento jurídico habitacional del país y redefine el alcance de la propiedad individual.
Actualmente en proceso de consulta el proyecto propone una transformación integral del sector, con el objetivo de actualizar y unificar la dispersa normativa vigente. Según el texto, la nueva ley deroga legislaciones anteriores y establece un paradigma que integra producción, gestión, financiamiento y conservación de la vivienda con un enfoque sociocultural, económico y ambiental.
El reconocimiento de hasta dos viviendas —más una de descanso— ordena jurídicamente realidades socioeconómicas ya existentes. No obstante, el anteproyecto establece límites y garantías: la residencia familiar será declarada inembargable y cualquier acto de disposición deberá considerar la protección de menores de edad, adultos mayores y personas en situación de vulnerabilidad.
Sin embargo, la reforma legal llega en medio de una profunda crisis habitacional. Durante años, el déficit de viviendas se ha acumulado, mientras miles de inmuebles presentan un alto grado de deterioro estructural. Derrumbes parciales, techos en mal estado y hacinamiento forman parte del panorama cotidiano en numerosas comunidades del país.
A esta situación se suma la grave crisis económica. Los salarios estatales resultan insuficientes incluso para cubrir necesidades básicas como la alimentación. En ese contexto, destinar ingresos a la construcción o rehabilitación de una vivienda se convierte en una aspiración prácticamente inalcanzable para la mayoría de los trabajadores. El costo de los materiales de construcción es otro obstáculo determinante: con frecuencia no se encuentran en los mercados y, cuando aparecen, sus precios son elevados, muy por encima de la capacidad adquisitiva promedio.
El acceso al crédito tampoco representa una solución real para amplios sectores. Aunque el anteproyecto incorpora el financiamiento hipotecario y los préstamos bancarios como herramientas, muchos ciudadanos dudan de su viabilidad en un entorno de bajos ingresos e inestabilidad económica. Asumir una deuda a largo plazo implica comprometer recursos que hoy apenas alcanzan para la subsistencia diaria, lo que genera incertidumbre sobre la posibilidad real de cumplir con los pagos.
Además de ampliar el derecho de propiedad, la propuesta reconoce diversas formas de tenencia, entre ellas arrendamiento, usufructo, comodato, derecho de superficie y propiedad horizontal, ampliando las vías legales para acceder a un techo digno.
En el plano institucional, el proyecto incorpora múltiples actores. Junto a la gestión estatal y el esfuerzo propio, se incluyen cooperativas de vivienda, microbrigadas, micro, pequeñas y medianas empresas e inmobiliarias. Las cooperativas deberán constituirse ante notario y regirse por principios cooperativistas, mientras que las microbrigadas recibirán la vivienda con un descuento del 30 % del precio.
La actividad inmobiliaria es promovida como herramienta para reducir el déficit habitacional y generar recursos financieros. El texto contempla servicios como inversión en construcción, venta de apartamentos, arrendamiento con opción de compra y administración de inmuebles.
En materia de financiamiento, el anteproyecto prevé créditos bancarios, ingresos personales, utilidades empresariales y subsidios, así como la introducción formal del financiamiento hipotecario, que podrá constituirse como garantía sobre la vivienda objeto de inversión u otra propiedad del titular, siempre que no sea la residencia familiar.
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