Famoso restaurante La Guarida, en La Habana, completamente vacío. Foto: Adalberto Roque / AFP
Los restaurantes de La Habana atraviesan una de sus etapas más difíciles. Mesas vacías, pocos clientes y problemas para conseguir alimentos reflejan el impacto de la profunda crisis económica, energética y social que golpea a Cuba.
Un reportaje de Infobae muestra el contraste entre los restaurantes que alguna vez estuvieron llenos de turistas y celebridades y la realidad actual, marcada por la caída del turismo, la inflación, los apagones y la pérdida de poder adquisitivo de los cubanos.
Los propietarios enfrentan diariamente el desafío de conseguir productos básicos. El aceite, uno de los insumos indispensables para la preparación de alimentos, puede costar entre 4.000 y 5.000 pesos cubanos, equivalentes a unos seis o siete dólares, cuando pocas semanas antes rondaba los dos dólares. Ante la escasez, algunos negocios recurren incluso a la manteca de cerdo para poder continuar funcionando.
A esta situación se suman los apagones, que afectan directamente las operaciones. La falta de electricidad obliga a detener servicios, deja los locales sin ventilación y provoca pérdidas de alimentos almacenados en refrigeradores. Para pequeños emprendedores, desechar comida que se echó a perder representa un golpe adicional a negocios que ya trabajan con márgenes cada vez más reducidos.
El caso de La Guarida resulta especialmente simbólico. El conocido restaurante, ubicado en el inmueble que sirvió como escenario de la película Fresa y Chocolate, recibió en sus mejores años a figuras internacionales como Steven Spielberg, Mick Jagger y Madonna. Hoy, las fotografías de aquellas visitas permanecen en sus paredes mientras las mesas permanecen vacías. Su propietario, Enrique Núñez, asegura que mantiene abierto el establecimiento incluso trabajando con pérdidas, principalmente para conservar a sus empleados.
La crisis también ha obligado a algunos emprendedores a cambiar de estrategia. Dainel Castillo cerró un restaurante enfocado en turistas y comenzó a preparar almuerzos para trabajadores. Posteriormente abrió otro establecimiento con precios más accesibles, orientado principalmente al consumidor cubano, que ahora constituye una parte fundamental del reducido mercado gastronómico.
Sin embargo, la mayoría de los cubanos carece de recursos para comer fuera de casa. Según uno de los trabajadores consultados en el reportaje, alrededor del 90% de la población no puede permitirse acudir a un restaurante.
La situación resume el deterioro del consumo interno: mientras los negocios luchan por conseguir clientes e insumos, una gran parte de la población concentra sus escasos ingresos en alimentos y necesidades básicas.
Así, la imagen de restaurantes habaneros vacíos se convierte en otro reflejo de una crisis que afecta simultáneamente al turismo, al sector privado, al empleo y al poder adquisitivo de los cubanos.
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