La Habana niega que existan instalaciones militares chinas en la Isla, pero informes estadounidenses y análisis de expertos apuntan a una creciente cooperación en materia de inteligencia y seguridad. Mientras aumenta la presión de Washington, Pekín continúa respaldando al régimen cubano.
La relación entre Cuba y China vuelve a colocarse en el centro de la disputa entre La Habana y Washington. El gobierno cubano rechazó las acusaciones sobre una supuesta presencia militar china en la Isla, mientras desde Estados Unidos crecen las advertencias sobre el fortalecimiento de los vínculos entre ambos países.
El viceministro cubano de Relaciones Exteriores, Carlos Fernández de Cossío, calificó de falsas las afirmaciones sobre la existencia de instalaciones militares extranjeras en territorio cubano. Su respuesta se produjo después de que el analista Gordon G. Chang publicara un artículo en The Hill en el que reclamó una reacción más firme de Estados Unidos ante la posibilidad de que China amplíe su presencia estratégica en Cuba.
Sin embargo, el debate no se limita a la existencia de bases militares convencionales. Informes y análisis citados en las últimas semanas se refieren a instalaciones relacionadas con la recopilación de inteligencia de señales. El Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS) ha identificado varios emplazamientos en Cuba asociados con este tipo de actividad, entre ellos Bejucal, Wajay, Calabazar y El Salao.
Bejucal concentra especial atención. Según análisis publicados por el CSIS, la construcción de una nueva estructura de grandes dimensiones en esa zona concluyó en 2026, aumentando las especulaciones sobre las capacidades de vigilancia que podrían desarrollarse allí.
Mientras tanto, Washington ha endurecido su posición. La administración de Donald Trump ha impuesto nuevas sanciones contra funcionarios y entidades cubanas vinculadas, según Estados Unidos, con la adquisición de tecnología y equipamiento militar procedente de China. El secretario de Estado Marco Rubio también ha advertido sobre los riesgos que representa la cooperación entre La Habana y Pekín.
China, por su parte, mantiene su respaldo al gobierno cubano. Pekín ha anunciado nuevas ayudas energéticas y otros mecanismos de cooperación, al tiempo que rechaza las acusaciones estadounidenses y defiende sus relaciones con La Habana como legítimas.
El conflicto, por tanto, trasciende la discusión sobre una eventual presencia militar. Lo que está en juego es el creciente valor estratégico de Cuba para China y la preocupación de Washington por tener, a pocas millas de sus costas, a un aliado de Pekín con posibles capacidades de inteligencia.
La pregunta ya no es solamente si China está ayudando a Cuba, sino hasta dónde llegará esa alianza y qué respuesta está dispuesto a dar Estados Unidos.
Fuentes: The Hill- Carlos F. de Cossio
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