Una empresa vietnamita radicada en Cuba entregó 250 toneladas de arroz de alta calidad producido en tierras de Pinar del Río, en un gesto que ha sido presentado oficialmente como muestra de “solidaridad”, pero que para muchos evidencia la profunda crisis estructural del agro cubano.
La compañía Agri VMA, con sede en el municipio de Los Palacios, donó el grano a la Empresa Agroindustrial de Granos (EAIG) del territorio, según informó la Embajada de Vietnam en la isla. El arroz corresponde a la variedad CT16, un producto vietnamita cultivado bajo métodos y tecnología importados desde el país asiático, y fue envasado en sacos de 50 kilogramos.
La ceremonia de entrega tuvo lugar en la Empresa Agrícola Caribe, adscrita al Ministerio de la Agricultura. Estuvieron presentes el embajador de Vietnam en Cuba, Lê Quang Long, y la viceministra cubana de la Agricultura, Telce González Morera, junto a otros funcionarios de ambos gobiernos.
El diplomático vietnamita subrayó que, en medio de las “dificultades” que enfrenta Cuba, la continuidad y expansión de la producción de empresas vietnamitas en la isla tiene un “significado práctico” para la seguridad alimentaria. También pidió a las autoridades cubanas facilitar políticas y mecanismos que permitan ampliar inversiones extranjeras en el sector agrícola.
Por su parte, la funcionaria cubana calificó la donación como una muestra de la “solidaridad especial” entre ambos países y destacó la cooperación en transferencia tecnológica y técnicas de cultivo.
Sin embargo, el hecho de que una empresa extranjera tenga que producir y donar arroz en un país con tradición agrícola como Cuba resulta revelador. Durante décadas, el discurso oficial defendió la autosuficiencia alimentaria como objetivo estratégico, pero hoy la isla depende de importaciones y de proyectos gestionados por capital extranjero incluso para un alimento básico como el arroz, componente esencial de la dieta nacional.
Vietnam, uno de los principales exportadores de arroz del mundo, ha logrado altos niveles de productividad gracias a reformas estructurales y apertura económica. En contraste, el modelo agrícola cubano arrastra problemas de baja producción, falta de incentivos, burocracia, escasez de insumos y un sistema de comercialización centralizado que desestimula al productor nacional.
Mientras las autoridades resaltan la cooperación bilateral, en la práctica el mensaje es otro: Cuba, que alguna vez aspiró a ser autosuficiente en alimentos, necesita que una empresa extranjera produzca en su propio territorio para cubrir necesidades básicas.