Doña Zoila Ester Chávez Pérez, madre del escritor José Gabriel Barrenechea Chávez, se encuentra en estado muy grave. Tiene 84 años y hace apenas unos días, el 21 de abril, tuvo que ser transfundida de urgencia: su hemoglobina había descendido peligrosamente hasta el nivel 6. Su último deseo no es una medicina milagrosa ni un viaje al extranjero. Solo quiere ver a su hijo libre.
José Gabriel, como millones de cubanos, ha cometido el “delito” de quejarse por los apagones, por el hambre, por la desesperanza que nos aplasta día tras día. La diferencia es que él no lo hizo en silencio. No se quedó rumiando en la esquina. Lo gritó. Lo escribió. Lo hizo público. Y por eso hoy está preso.
No hay crimen en expresar el dolor. Pero en este país parece que hasta eso es castigado. Solo falta que dicten una ley que prohíba a los ahorcados sacar la lengua. La represión ha alcanzado niveles absurdos, y el costo humano es devastador. Zoila lo sabe. Su cuerpo lo grita con cada recaída. Con cada día sin su hijo, se apaga un poco más.
Gabriel no solo es su hijo. Es su sostén emocional, su soporte material, su único vínculo con una vida que cada día se le desmorona. Negarle a ella ese último deseo no es solo una injusticia, es una crueldad sin sentido.
Este es un llamado urgente, humano, desesperado: devuélvanle a Zoila a su hijo. Permítanle vivir un poco más, aunque sea con esa última alegría. Liberen a Gabriel de una vez. No jodan tanto con su odio. No apaguen también esta última llama. Por una vez, escuchen el grito, en vez de castigarlo.
del perfil de Facebook del escritor Otilio Carvajal.
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