Donald Trump afirmó este domingo que las autoridades iraníes quieren «negociar» después de que él amenazara con tomar acciones militares en respuesta a la brutal represión de las protestas en la República Islámica. Según el presidente estadounidense, funcionarios iraníes se habrían comunicado para explorar un acercamiento, aunque agregó que «podríamos tener que actuar antes de una reunión», dejando abierta la posibilidad de una intervención militar directa.
Las manifestaciones comenzaron hace dos semanas en respuesta al aumento del costo de vida y la crisis económica, pero rápidamente se transformaron en un movimiento generalizado contra el régimen teocrático que gobierna Irán desde la revolución de 1979. La violencia estatal ha dejado un saldo mortal que, según la ONG Iran Human Rights, ya alcanza al menos 192 manifestantes, aunque fuentes como HRANA en semanas anteriores señalaron que los fallecidos podrían superar los 500, debido a la dificultad de verificar información bajo el corte casi total de Internet impuesto por el gobierno.
El apagón de la red, que según Netblocks ya superaba las 60 horas, ha dificultado enormemente la comunicación y la difusión de imágenes y testimonios. Aun así, videos compartidos en redes muestran multitudes en las calles de Teherán, Mashhad y otras ciudades, a pesar de la vigilancia constante con drones y la presencia de las fuerzas de seguridad. Testigos y organizaciones internacionales alertan que los hospitales están «abrumados», que las reservas de sangre se agotan y que muchos manifestantes han recibido disparos directos, incluso en los ojos.
En el plano interno, el régimen ha declarado tres días de duelo nacional por los agentes de seguridad fallecidos y ha convocado marchas a favor del gobierno, calificando a los manifestantes de «criminales terroristas urbanos» y advirtiendo que participar en las protestas podría considerarse un delito capital. Las detenciones son masivas; el jefe de policía, Ahmad Reza Radan, anunció la captura de líderes destacados de las manifestaciones, aunque sin revelar cifras ni identidades.
El contexto geopolítico complica aún más la situación. Trump reiteró que EE.UU. analiza «opciones muy fuertes», que podrían ir desde ataques selectivos hasta acciones cibernéticas o mayores sanciones económicas. El Parlamento iraní respondió advirtiendo que cualquier ataque estadounidense transformaría a los centros militares y navales de EE.UU. e Israel en objetivos legítimos. Por su parte, el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, expresó su esperanza de que «la nación persa sea pronto liberada del yugo de la tiranía».
Entre los opositores, Reza Pahlavi, hijo del último sah de Irán, llamó al pueblo, las fuerzas armadas y empleados públicos a ponerse del lado de la ciudadanía y expresó su disposición a regresar desde Estados Unidos para liderar una transición democrática. Analistas coinciden en que las protestas representan el mayor desafío al régimen de Ali Jamenei desde la guerra de 12 días con Israel en junio, y que la combinación de represión interna, aislamiento informativo y presión internacional coloca a Irán en un momento crítico que podría derivar en una crisis de legitimidad sin precedentes.
Mientras tanto, las calles del país continúan llenas de ciudadanos desafiando la violencia, con imágenes que muestran bolsas con cadáveres, calles ensangrentadas y un pueblo que reclama tanto reformas económicas como libertad frente a un régimen que ha gobernado durante más de cuatro décadas con mano de hierro. La incertidumbre sobre una intervención estadounidense añade tensión a un país al borde del colapso social y político.
Fuentes: ABC, AP News
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