El presidente de Estados Unidos Donald Trump lanzó un mensaje de fuerte presión política y económica contra el gobierno cubano al advertir que no habrá más petróleo ni apoyo financiero procedente de Venezuela, y que la Isla debe llegar a un acuerdo con Washington antes de que las consecuencias sean irreversibles. El pronunciamiento se produce en un contexto regional altamente inestable, marcado por el cambio abrupto de poder en Venezuela tras una operación militar que, según declaraciones oficiales de EE. UU., dejó fuera de juego al antiguo aparato de seguridad que protegía al chavismo, en el cual participaban asesores y fuerzas cubanas.
Durante décadas, la relación entre La Habana y Caracas fue uno de los pilares de supervivencia económica del sistema cubano. El intercambio de petróleo subsidiado por servicios profesionales —principalmente médicos y asesores de seguridad— permitió a Cuba sostener parte de su sistema energético y aliviar el impacto de las sanciones internacionales. Sin embargo, ese esquema ya venía debilitándose por la crisis venezolana y ahora, con el nuevo escenario político, Washington afirma que ese apoyo se ha terminado por completo.
Trump sostuvo que Estados Unidos asumirá un rol de protección sobre Venezuela y que, por tanto, ya no existe justificación para que Cuba mantenga presencia estratégica en ese país. En ese marco, el mensaje a La Habana es directo: sin recursos externos, la economía cubana enfrentará un deterioro aún más severo, especialmente en sectores críticos como la generación eléctrica, el transporte y la distribución de alimentos. La advertencia no solo apunta al suministro de crudo, sino también a la pérdida de ingresos en divisas que durante años sostuvieron importaciones esenciales.
El gobierno cubano ha rechazado las declaraciones estadounidenses y ha calificado las acciones recientes como una escalada peligrosa en la región. Desde La Habana se insiste en que Cuba no participa en operaciones militares externas y que su cooperación internacional tiene fines civiles. No obstante, el impacto económico de la ruptura del eje con Venezuela es innegable y coincide con un momento interno especialmente delicado, marcado por apagones prolongados, inflación elevada y escasez persistente de productos básicos.
El llamado de Trump a “hacer un trato” deja abiertas múltiples interpretaciones. No se ha especificado si se trata de reformas económicas, cambios políticos, acuerdos migratorios o cooperación en materia de seguridad regional. Sin embargo, el tono del mensaje sugiere que Washington ve este momento como una oportunidad para forzar un cambio estructural en la relación bilateral, bajo el argumento de que el modelo actual de la isla es insostenible sin subsidios externos.
Para la población cubana, el escenario plantea una paradoja compleja. Por un lado, el fin del apoyo venezolano puede profundizar las dificultades cotidianas; por otro, también aumenta la presión internacional sobre un sistema económico que ya muestra signos de agotamiento. En ese contexto, cualquier negociación futura entre La Habana y Washington no solo tendría implicaciones diplomáticas, sino efectos directos en la vida diaria de millones de personas.
El ultimátum de Trump marca así un nuevo capítulo de confrontación, donde la crisis energética, los cambios políticos en Venezuela y la estrategia regional de Estados Unidos convergen en un punto crítico: el futuro inmediato de Cuba dependerá de su capacidad para adaptarse a un entorno sin aliados estratégicos que subsidien su economía.
Fuentes: Truth Social de Donald Trump
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