Mientras el gobierno interino venezolano despliega un discurso de reconocimiento oficial y promesas de acompañamiento a los familiares de quienes murieron durante la operación estadounidense que culminó con la captura de Nicolás Maduro, en Cuba crece la inconformidad entre parientes de militares fallecidos que denuncian falta de información y ausencia de garantías para recuperar los restos de sus seres queridos.
Esta semana, la presidenta encargada de Venezuela, Delcy Rodríguez, encabezó un acto conmemorativo por los caídos del 3 de enero. En la ceremonia anunció la creación de una comisión especial para brindar atención integral a las familias y aseguró que el Estado asumirá su responsabilidad con quienes perdieron a sus allegados. También adelantó la construcción de un monumento destinado a preservar la memoria de los fallecidos, a quienes describió como combatientes que enfrentaron una “agresión extranjera”.
En su discurso, Rodríguez incluyó a los 32 militares cubanos muertos durante la operación, a quienes presentó como “hermanos” que lucharon junto a los venezolanos. El mensaje oficial subrayó la idea de sacrificio compartido y respaldo institucional.
La situación en Cuba, sin embargo, muestra otro rostro. Días después de la captura de Maduro, el gobierno cubano divulgó por primera vez los nombres, rangos y fotografías de los 32 fallecidos, todos integrantes de las Fuerzas Armadas Revolucionarias o del Ministerio del Interior. La versión oficial indicó que cumplían misiones solicitadas por autoridades venezolanas, reconociendo así una presencia militar que durante años fue negada públicamente.
Pese al duelo nacional decretado por Miguel Díaz-Canel, varias familias aseguran que la información recibida ha sido insuficiente. Denuncian opacidad sobre las circunstancias de las muertes y, sobre todo, incertidumbre respecto al paradero de los cuerpos.
Uno de los casos que refleja este malestar es el del capitán del Ministerio del Interior Adriel Adrián Socarrás Tamayo, de 32 años. Natural de Yara, en la provincia de Granma, pertenecía a una unidad de Matanzas y llevaba dos años destacado en Venezuela. Sus familiares aseguran que desconocían que formara parte del anillo de seguridad directa de Maduro.
Tras la notificación de su fallecimiento, las autoridades comunicaron a la familia que no sería posible repatriar ni entregar el cuerpo debido al contexto bélico y a supuestas limitaciones operativas en aeropuertos venezolanos. Sin embargo, los allegados sostienen que nunca recibieron detalles precisos ni confirmación de que los restos estén bajo custodia oficial.
“Ni siquiera sabemos con certeza qué pasó ni dónde está el cuerpo”, relató un familiar en declaraciones a Martí Noticias. Versiones transmitidas por mandos militares indican que el capitán murió en un enfrentamiento armado mientras cumplía funciones de seguridad.
Socarrás Tamayo enviaba dinero con regularidad a su madre y a su esposa desde Caracas y había pasado sus últimas vacaciones en Cuba el año anterior.
El contraste entre ambos países resulta evidente. Mientras en Venezuela el discurso oficial enfatiza el respaldo estatal y la exaltación pública de los caídos, en Cuba los familiares denuncian silencio, respuestas parciales y una falta de certezas que dificulta cerrar el duelo. La diferencia en el trato público hacia las víctimas expone una brecha dolorosa entre dos gobiernos autoritarios y deja a decenas de familias cubanas atrapadas en la incertidumbre.
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