El pastor bautista Vladimir Valladares, perteneciente a la Convención Bautista de Cuba Occidental y líder de una iglesia ubicada en la calle Villanueva, en el barrio habanero de Luyanó, denunció haber sido atacado por cuatro hombres durante la noche del sábado 23 de mayo, en medio de una disputa relacionada con la distribución de agua mediante una pipa frente al templo.
Según el relato enviado por el propio religioso a un colega en Miami, la congregación lleva varias semanas sin acceso regular al agua potable. Ante esa situación, miembros de la iglesia han financiado de manera solidaria el alquiler de pipas para sostener las actividades comunitarias del templo, entre ellas la atención a unos 80 ancianos, cerca de 30 menores y los servicios religiosos dominicales.
Ese sábado llegó una pipa destinada a garantizar el culto del domingo. De acuerdo con el testimonio, algunos vecinos manifestaron inconformidad por el uso del agua y el pastor accedió a compartir parte del suministro, además de coordinar el regreso posterior de la pipa para beneficiar también a residentes de la zona.
Horas después se produjo una pelea frente a la iglesia. Valladares salió para intentar mediar, pero terminó siendo insultado y amenazado. Según explicó, uno de los vecinos reaccionó con más agresividad cuando el pastor ofreció agua a su familia. Poco después, el hijo del hombre intentó golpearlo y otros individuos se sumaron al altercado.
El religioso aseguró que uno de los atacantes buscó un trozo de madera para agredirlo físicamente. En medio de la tensión, el pastor afirmó haber respondido diciendo que no temía ser golpeado y que cada persona tendría que responder por sus actos. También señaló que logró esquivar los ataques e inmovilizar a uno de los agresores sin causarle daños.
Durante el incidente varias mujeres de la congregación habrían sido golpeadas, mientras el pastor, su hija adolescente y otros menores permanecieron refugiados dentro del templo por razones de seguridad.
Valladares denunció además que realizó más de 15 llamadas a la Policía sin recibir respuesta inmediata. Según su versión, los agentes llegaron unos 20 minutos después y primero escucharon a los presuntos agresores. La denuncia verbal del pastor fue tomada en el lugar, aunque asegura que no se redactó ningún documento oficial en ese momento.
El relato añade que cuando la Policía intentó detener a algunos involucrados por escándalo público, una funcionaria vinculada al Partido Comunista habría intervenido para evitar los arrestos, argumentando que eso afectaría la imagen del barrio.
Más tarde acudieron representantes del gobierno y estructuras políticas municipales, aunque, según el pastor, ninguno se interesó por el estado de los menores ni de los miembros de la iglesia afectados. Valladares también afirmó que las autoridades llevaron una pipa de agua a los vecinos implicados en la agresión.
Al día siguiente, el pastor formalizó una denuncia en la estación policial de Aguilera tras negarse los agresores a disculparse. De acuerdo con la información recibida, las autoridades le comunicaron que los implicados enfrentarían únicamente una multa de 7,000 pesos cubanos.
El episodio ocurre en medio de la prolongada crisis de abastecimiento de agua que afecta a La Habana. Datos oficiales divulgados recientemente reconocen que cientos de miles de personas en la capital tienen dificultades para acceder al servicio debido a apagones y fallos en los sistemas de bombeo.
En paralelo, organizaciones de derechos humanos han reportado un aumento de denuncias relacionadas con restricciones y presiones sobre grupos religiosos en Cuba. El pastor concluyó su testimonio afirmando que muchas congregaciones sienten desprotección ante la falta de respuesta institucional y la corrupción dentro de algunas estructuras estatales.
Fuentes: CiberCuba
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