En medio del estruendo de la artillería y el silencio de las oficinas oficiales, hay nombres que resisten al olvido. No son cifras en un parte militar ni líneas perdidas en un informe extranjero: son cubanos, con fechas de nacimiento, con familias que esperan, con historias que quedaron suspendidas en un invierno que no era el suyo.
La guerra en Ucrania no solo ha cobrado vidas en el frente; también ha desnudado la fragilidad de quienes fueron empujados —por necesidad, engaño o desesperación— a un conflicto ajeno. A muchos de estos hombres se les prometió un salario que, en su realidad cotidiana, parecía una tabla de salvación. Dos mil dólares al mes sonaban a oportunidad, a escape, a futuro.
Pero el contrato terminó siendo un pasaje sin retorno. Reclutados para tareas que no siempre implicaban combate directo, acabaron en zonas de fuego, sin reconocimiento oficial y sin garantías para sus familias. Lo más doloroso no es solo la muerte, sino el vacío posterior. Sin comunicados, sin repatriación de restos, sin homenajes, sin una palabra pública que confirme lo que ya es un secreto a voces.
En ese silencio, las madres, esposas e hijos quedan atrapados entre la esperanza y el duelo inconcluso. Cuando un país no nombra a sus muertos, los condena a morir dos veces. Paradójicamente, han sido quienes estaban del otro lado del frente quienes preservaron estas identidades, confirmaron datos y publicaron los nombres.
En una ironía trágica, el enemigo militar se convirtió en custodio de la memoria. Gracias a esos registros, hoy se puede decir con certeza que no eran sombras: eran personas. Recordar no es glorificar la guerra ni justificar decisiones políticas. Recordar es un acto mínimo de humanidad. Es afirmar que cada vida perdida importa, incluso cuando resulta incómoda para los discursos oficiales.
Es también un llamado a la responsabilidad: ningún acuerdo, alianza o cálculo geopolítico debería borrar la obligación básica de informar, reconocer y acompañar a las familias. Esta lista no es un gesto contra nadie; es un gesto a favor de la verdad. Porque los nombres, cuando se dicen en voz alta, rompen el muro del silencio. Y porque la memoria, aunque no devuelve la vida, al menos devuelve la dignidad.
Lista de los 54 cubanos fallecidos:
Fuente: Periódico Cubano
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