En pleno siglo XXI, familias cubanas enfrentan situaciones que resultan incomprensibles como son los casos de niños con enfermedades graves obligados a permanecer en hospitales, simplemente por la falta de electricidad en sus hogares.
El caso de Jeisel, un pequeño con atrofia muscular espinal tipo 1, ventilado y con insuficiencia respiratoria crónica, expone una realidad dolorosa y profundamente injusta. Su madre, Yanelis Hernández Palmero, relata cómo han pasado más de un mes en el Hospital Pediátrico "Pepe Portilla" de Pinar del Río debido a que su hijo necesita corriente constante y climatización para poder sobrevivir.
“Esto no es un capricho ni un lujo, es una necesidad básica para que mi hijo pueda vivir”, afirma Yanelis, visiblemente frustrada por la ausencia de soluciones efectivas. La madre denuncia que el gobierno solo ofrece respuestas vacías y promesas de espera, sin medidas concretas para garantizar que estos niños puedan regresar a su entorno familiar. Cada hora sin energía eléctrica representa un riesgo para la vida de Jeisel y de otros niños en condiciones similares.
La improvisación de mantenerlo hospitalizado es solo un parche, que lejos de aliviar la situación, genera un impacto físico y emocional considerable. Vivir en una cama de hospital, rodeado de otros pacientes y lejos de la comodidad del hogar, no es una solución, sino una carga adicional para una familia que ya enfrenta una enfermedad devastadora.
La falta de voluntad para implementar medidas como la instalación de paneles solares o sistemas de respaldo evidencia que la respuesta existe, pero no se prioriza.
La historia de Jeisel refleja un problema estructural: niños y ancianos encamados en todo el país dependen de la electricidad para sobrevivir, pero el sistema que debería protegerlos no garantiza siquiera las condiciones básicas. La denuncia de Yanelis trasciende su caso personal: es un llamado urgente a las autoridades y a la sociedad para visibilizar una crisis que afecta a los más vulnerables.
Mientras tanto, familias enteras siguen esperando que se reconozca su derecho a una vida digna y segura. La energía eléctrica, algo que para muchos resulta cotidiano, se convierte en un lujo inalcanzable para quienes dependen de equipos médicos para vivir. La lucha de Yanelis y su hijo es un recordatorio brutal de que las soluciones existen, pero sin acción y compromiso, los niños seguirán pagando el precio más alto: su bienestar y su vida.
Fuente: Alberto Arego
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