“Ahora mismo acá en los Emiratos Árabes Unidos hay un estado de guerra”. Así describe la situación desde Dubái el médico cubano Alejandro Terry, residente en esa ciudad, luego del ataque lanzado por Irán en respuesta a la reciente operación militar de Estados Unidos e Israel.
Dubái, uno de los principales centros financieros y turísticos del Golfo, fue escenario de la intercepción de misiles, un hecho inédito para muchos de sus habitantes. “Nunca había visto algo así. Ver la intercepción en el cielo, escuchar las explosiones… es impactante”, relata Terry, quien trabaja como entrenador en un gimnasio.
Según su testimonio, las detonaciones se sintieron con fuerza en distintos puntos de la ciudad. Aunque las autoridades activaron los sistemas de defensa aérea y lograron neutralizar los proyectiles, la tensión se extendió rápidamente entre residentes y expatriados. “Se escucharon explosiones claras. La gente se quedó en sus casas. Hay mucha incertidumbre”, explica.
En los Emiratos Árabes Unidos reside una amplia comunidad extranjera, entre ella decenas de cubanos que trabajan en sectores como la salud, la hostelería y el deporte. Terry asegura que el temor es palpable, aunque prevalece la disciplina y el seguimiento de las orientaciones oficiales. “Estamos atentos a las indicaciones. Aquí los sistemas de seguridad funcionan, pero el miedo es inevitable”, afirma.
El ataque se produce en un contexto de escalada regional tras la operación militar de Washington y Tel Aviv contra objetivos iraníes, un episodio que ha elevado las tensiones en Medio Oriente. La posibilidad de una expansión del conflicto mantiene en alerta a gobiernos y poblaciones de la zona.
Para los cubanos en Dubái, la prioridad es mantenerse informados y resguardados. “Lo principal es la seguridad. Estamos lejos de nuestra tierra y estas situaciones se viven con más angustia”, señala Terry.
Mientras la comunidad internacional observa con preocupación el desarrollo de los acontecimientos, en Dubái la vida intenta continuar bajo estrictas medidas de vigilancia. Sin embargo, el sonido reciente de las explosiones ha dejado una huella difícil de borrar entre quienes, como Alejandro Terry, jamás imaginaron presenciar un episodio bélico desde la ventana de su hogar.
Fuente: Alberto Arego, periodista
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