La Comunidad del Caribe (Caricom) anunció el envío de asistencia humanitaria a Cuba tras una cumbre regional marcada por tensiones y diferencias internas sobre el papel de Estados Unidos en la zona. La reunión de cuatro días se celebró en San Cristóbal y Nieves y contó con la presencia del secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, en un contexto de creciente fricción entre Washington y La Habana.
El bloque regional expresó preocupación por la crisis energética y humanitaria que atraviesa Cuba, agravada tras las recientes medidas estadounidenses que restringen el suministro de combustible a la isla. Durante la conferencia de clausura, el presidente saliente de Caricom y primer ministro de San Cristóbal y Nieves, Terrance Drew, aseguró que los 15 Estados miembros coordinarán una respuesta “significativa” para aliviar la situación en el plazo de un mes.
La cumbre estuvo dominada por el debate en torno a las acciones de Washington en el Caribe, incluyendo operativos militares contra embarcaciones sospechosas de narcotráfico y la política de presión hacia gobiernos aliados de La Habana. Aunque algunos líderes abogaron por declarar al Caribe como zona de paz y promover el diálogo, no se emitió una declaración conjunta condenando las intervenciones estadounidenses, lo que dejó en evidencia las discrepancias internas.
El primer ministro de Jamaica, Andrew Holness, llamó a abordar la situación cubana con “claridad y valentía”, destacando que Cuba es un vecino caribeño que históricamente ha contribuido con médicos y maestros en la región. Holness advirtió que las dificultades económicas y la escasez de energía en la isla pueden generar efectos colaterales para el resto del Caribe, incluidos flujos migratorios y mayor inestabilidad social.
Sin embargo, no todos los líderes compartieron el mismo tono. La primera ministra de Trinidad y Tobago, Kamla Persad-Bissessar, defendió una postura más dura frente a la inseguridad regional, señalando que su país registró 623 homicidios en 2024, muchos vinculados al narcotráfico y al tráfico de armas. Cuestionó los llamados a hablar de “zona de paz” cuando, según afirmó, la violencia asociada a pandillas y redes criminales sigue en aumento.
Terrance Drew reconoció abiertamente que Caricom no posee una política exterior única y que cada Estado mantiene soberanía para definir su agenda internacional. Subrayó que el organismo busca coordinación, pero no funciona como una unión política homogénea, por lo que las posturas divergentes no deben interpretarse como fracturas irreparables.
A pesar de las diferencias, los líderes coincidieron en la necesidad de promover la desescalada y el diálogo entre Cuba y Estados Unidos. La ayuda humanitaria anunciada pretende aliviar, al menos parcialmente, la presión sobre la población cubana mientras continúan las tensiones geopolíticas que influyen en el equilibrio del Caribe.
Fuente: ANSA
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