La crisis energética en Cuba está afectando de manera significativa tanto a las micro, pequeñas y medianas empresas (Mipymes) como a grandes corporaciones, generando una caída sostenida de ingresos y obligando a muchas compañías a reducir o suspender operaciones. Un reciente estudio de la consultora AUGE revela que aproximadamente un 78 % de las Mipymes ha reportado descensos en sus ventas apenas un mes después de la implementación de nuevas restricciones relacionadas con el suministro de combustible, evidenciando la vulnerabilidad del sector privado frente a la escasez energética.
El contexto se agravó tras la firma de una orden ejecutiva a finales de enero de 2026 por la administración del expresidente Donald Trump, que limita la venta y entrega de combustible hacia la Isla. Desde entonces, empresarios en áreas como software, manufactura, comercio y logística han experimentado dificultades operativas graves debido a apagones, escasez de transporte y aumento de costos.
Los datos de AUGE muestran que incluso grandes corporaciones han comenzado a ajustar sus operaciones. Empresas como Supermarket 23 y Cubamax han reducido servicios logísticos, mientras que cadenas hoteleras internacionales, como Meliá Hotels International, han suspendido temporalmente operaciones en algunas instalaciones. Por su parte, la minera Sherritt International enfrenta limitaciones vinculadas al consumo energético.
Expertos señalan que esta crisis difiere de la vivida durante la pandemia de 2020, ya que el problema no radica en la demanda, sino en la disponibilidad de energía para producir y distribuir productos. Muchas empresas manufactureras se ven obligadas a detener parcial o totalmente su producción, mientras que negocios tecnológicos con clientes en el exterior logran adaptarse mediante teletrabajo o paneles solares.
La escasez de combustible también afecta las cadenas de suministro, provocando retrasos en la entrega de materias primas y elevando los costos operativos. Analistas advierten que si la situación persiste, el efecto acumulativo podría intensificar la caída de ventas y limitar la actividad económica, impactando tanto a las Mipymes como a las grandes compañías.
El futuro del sector empresarial cubano durante 2026 estará directamente condicionado por la disponibilidad de energía y combustible, así como por la capacidad del sistema eléctrico nacional para mantener estabilidad, factores que siguen marcando el ritmo de la economía y la supervivencia de las empresas en la isla.
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