Cientos de niños migrantes permanecen retenidos junto a sus padres en el Centro de Procesamiento de Inmigración de Dilley, en el sur de Texas, en medio de crecientes denuncias sobre las condiciones de encierro y su impacto en la salud física y mental de los menores; es como una cárcel sin descanso, afirman activistas.
La denuncia de luces permanentes, comida contaminada y crisis emocional en ese centro migratorio se ha hecho viral.
Un reportaje de Associated Press recoge testimonios de familias que describen dormitorios con iluminación encendida las 24 horas, alimentos en mal estado —incluyendo comida con gusanos—, atención médica limitada y estancias que superan ampliamente el límite de tres semanas establecido por acuerdos judiciales para la detención de menores.
Andrea Armero, una madre colombiana deportada en febrero junto a sus hijas, relató que su hija de 13 años sufrió un severo deterioro emocional tras casi dos meses en el centro. La adolescente, que ya recibía tratamiento por ansiedad y depresión, dejó de comer después de encontrar un gusano en su comida. Según su madre, la menor se autolesionó con un cuchillo plástico del comedor. Documentos médicos citados por AP mencionan antecedentes de trastorno de estrés postraumático y un intento de autolesión.
El Departamento de Seguridad Nacional de Estados Unidos reconoció que ocurrió un caso de autolesión dentro de la instalación, aunque no ofreció detalles adicionales. No obstante, el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas defendió las condiciones del centro y aseguró que los menores reciben atención médica adecuada.
Otro testimonio citado por AP es el de la venezolana Kheilin Valero Marcano, quien afirmó que su hija pequeña presentó fiebre alta, vómitos y pérdida de peso durante casi dos meses de detención. Según la familia, en hospitales externos le diagnosticaron COVID-19, bronquitis, neumonía y un virus estomacal. Las autoridades migratorias rechazaron esa versión y sostuvieron que la menor fue remitida oportunamente a centros hospitalarios.
El Proyecto de Datos de Deportaciones de la Universidad de California en Berkeley indican que más de 3 mil 800 niños ingresaron en centros de detención migratoria durante los primeros nueve meses del actual mandato del presidente Donald Trump. En promedio, más de 220 menores permanecían bajo custodia cada día, y muchos de los que superaban las 24 horas eran enviados a Dilley.
Organizaciones civiles y abogados especializados en derechos de la niñez advierten que la detención prolongada puede agravar traumas previos y generar nuevos daños psicológicos. Legisladores republicanos que han visitado el centro, en contraste, sostienen que las críticas no reflejan lo observado durante sus recorridos.
El debate sobre la detención familiar vuelve a intensificarse mientras continúan los procesos judiciales que regulan la permanencia de niños bajo custodia migratoria. Para muchas familias, el encierro no solo deja secuelas físicas, sino también heridas emocionales difíciles de sanar.
Exilio cubano presiona a Washington mientras Otaola exige mano dura contra La Habana
Hace 41 minutos
Denver desafía a Trump, autoriza arrestos a agentes del ICE y protege a los manifestantes
Hace 1 día
Impulsan recogida de firmas para exigir la liberación de El4tico detenidos por el régimen
Hace 1 día