El regreso del entrenamiento militar estadounidense en selvas tropicales despierta un notable debate internacional. Después de más de dos décadas sin realizar maniobras de este tipo, unidades del Ejército de Estados Unidos participan en ejercicios intensivos en la densa selva panameña, un entorno considerado clave para operaciones de supervivencia, movilidad y combate irregular.
Este movimiento, reportado por The Hill y destacado por diversos medios especializados, marca un giro en la estrategia de preparación militar del país norteamericano.
Los ejercicios buscan readaptar a los soldados a condiciones extremas, similares a las que enfrentaron generaciones anteriores en conflictos como Vietnam o campañas centroamericanas del siglo XX. Terrenos húmedos, vegetación cerrada, fauna peligrosa y recursos limitados forman parte del escenario que las tropas deben dominar para operar eficazmente en ambientes hostiles. Instructores de fuerzas especiales han explicado que, durante años, el foco estuvo en desiertos y ciudades, pero la geopolítica actual exige recuperar habilidades olvidadas.
Este retorno a la guerra de jungla coincide con un momento de alta tensión en el continente americano. Analistas han señalado que la elección de Panamá no es casual: su ubicación estratégica y su cercanía con Sudamérica lo convierten en un punto clave para ejercicios regionales.
Aunque EE.UU. no ha vinculado estas maniobras directamente con ningún país en particular, sectores políticos y mediáticos han especulado sobre si estas prácticas buscan preparar posibles operaciones alrededor de Venezuela, cuya crisis interna continúa generando reacciones internacionales.
Washington ha explicado que el entrenamiento forma parte de programas rutinarios de cooperación y que su objetivo principal es fortalecer la capacidad de reacción de sus tropas en entornos variados. Sin embargo, el contexto regional, junto a la reactivación de ejercicios que habían estado inactivos por 20 años, alimenta interpretaciones sobre un reajuste estratégico más amplio.
Mientras tanto, Panamá mantiene su tradicional colaboración militar con Estados Unidos, centrada en la capacitación, la vigilancia fronteriza y la lucha contra el crimen organizado. Estos ejercicios en la selva representan también una oportunidad para las fuerzas panameñas de intercambiar métodos y tácticas con una de las fuerzas armadas más grandes del mundo.
El renacer del entrenamiento en jungla confirma que, para Washington, los escenarios tropicales vuelven a tener un papel relevante en los desafíos de seguridad hemisférica.
Fuente: The Daily Digest / The Hill
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