Foto: El País
La historiadora y profesora cubana Ivette García González publicó un análisis en el portal CubaxCuba donde sostiene que el Gobierno de La Habana ha utilizado el aumento de las tensiones con Estados Unidos como una herramienta para consolidar su control político dentro de la isla y reforzar apoyos internacionales que le permitan sostenerse en medio de la crisis.
En su artículo, titulado “A contracorriente: Cuba-Estados Unidos y la libertad”, la académica argumenta que el sistema cubano no ha logrado resolver la crisis económica y social ni el conflicto con parte de la ciudadanía, pero sí ha desarrollado mecanismos para aprovechar escenarios de confrontación con Washington y convertirlos en una ventaja política.
Según García González, la presión estadounidense se intensificó después de los acontecimientos políticos ocurridos en Venezuela a inicios de 2026, y a partir de ahí el Gobierno cubano respondió con una serie de medidas internas e internacionales orientadas a fortalecer su narrativa y ganar margen de maniobra.
Entre las principales respuestas internas, la profesora señala un incremento de la represión y el número de presos políticos. También menciona el aumento de las expresiones de descontento social y protestas ciudadanas registradas en diferentes territorios del país, lo que, a su juicio, demuestra que persiste un nivel importante de inconformidad popular.
La investigadora también cuestiona la campaña oficial “Por la Patria”, promovida por el Gobierno como una muestra de respaldo masivo al sistema político. Según explica, las cifras oficiales sobre participación resultan difíciles de verificar y existirían denuncias sobre presiones y mecanismos de movilización organizados por estructuras estatales y partidistas.
Otro de los elementos que analiza es el desfile del Primero de Mayo, presentado por los medios oficiales como una demostración de apoyo popular y solidaridad internacional. García González considera que estas actividades forman parte de una estrategia para proyectar estabilidad política y legitimidad tanto dentro como fuera del país.
En el plano internacional, la académica identifica varias acciones impulsadas por el Gobierno cubano para fortalecer alianzas y redes de apoyo. Entre ellas menciona campañas diplomáticas, iniciativas de solidaridad internacional y el fortalecimiento de vínculos con gobiernos aliados como Rusia, China, Venezuela, Nicaragua, Irán y México, entre otros.
También califica como contradictorio el reciente nombramiento de Cuba para integrar el Comité de ONG del ECOSOC de Naciones Unidas, señalando que el sistema cubano mantiene fuertes restricciones sobre las organizaciones independientes dentro de la isla.
La profesora advierte además que la estrategia de confrontación impulsada desde Washington tampoco estaría generando los resultados esperados para promover cambios democráticos en Cuba. A su juicio, el discurso agresivo y la polarización internacional terminan favoreciendo la narrativa del Gobierno cubano y dificultan la construcción de consensos más amplios.
Como alternativa, García González propone la creación de un Movimiento Cívico Nacional que agrupe a distintos sectores democráticos de la sociedad cubana y permita articular una propuesta con legitimidad interna y capacidad de generar solidaridad internacional más allá de posiciones ideológicas.
La académica concluye que una eventual transición en Cuba dependerá de la combinación de diferentes estrategias políticas y sociales, con un mayor protagonismo de la ciudadanía y de los actores democráticos dentro de la isla. Según resume en su reflexión final, las dictaduras no son permanentes y Cuba no constituye una excepción histórica.
Fuentes: CiberCuba y publicación en CubaxCuba
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