Detrás del título de “Hijo Ilustre de Camagüey” y de su imagen de maestro consagrado, el señor Echemendía Estrada oculta una historia larga y turbia de abuso de poder, acoso sexual y conductas depredadoras.
La reciente denuncia viralizada en redes sociales, publicada por el usuario Arnaldo González Pérez en el perfil de Facebook Camagüey Todo al Mejor Precio, ha reavivado viejos rumores que en la ciudad son un secreto a voces. Una madre denunció que su hija, menor de edad y practicante en el Ballet Folklórico de Camagüey, fue víctima de insinuaciones y comportamientos inaceptables por parte del “maestro”.
Pero este no es un hecho aislado. Testimonios abundan de que Echemendía ha acosado durante años a bailarines, recepcionistas y empleadas del Ballet. Algunos relatos describen cómo el sujeto llegó incluso a exhibirse desnudo frente a bailarines como José Ernesto y Chivichana —ambos hoy fuera del país— y a agredir físicamente a quienes rechazaban sus insinuaciones.
Otros ejemplos indignantes incluyen a la recepcionista de la sede, una mujer de más de 50 años que dejó su trabajo huyendo del acoso, o la auxiliar de limpieza, quien según fuentes, aún sufre el hostigamiento del autoproclamado “religioso”. Asimismo, se recuerda el caso de un padre furioso que, machete en mano, fue a buscarlo tras enterarse de los abusos cometidos contra su hija recién graduada. Solo la intervención de un músico de la compañía evitó una tragedia.
Todo este historial oscuro explica el desmoronamiento interno del Ballet Folklórico: la huida masiva de empleados, la falta de bailarines genuinamente comprometidos —salvo los obligados por servicio social— y la creciente mala reputación de la compañía. Nadie quiere trabajar bajo un ambiente cargado de miedo, humillación y represión sexual.
A pesar de las múltiples señales y rumores, Echemendía ha mantenido su puesto y sus privilegios, protegido quizás por el silencio institucional y el peso de su "título honorífico". Una realidad lamentable en un contexto donde la impunidad de figuras públicas continúa siendo la norma.
Esta nueva ola de denuncias no solo expone la podredumbre detrás de una fachada artística, sino también la complicidad de quienes, sabiendo la verdad, prefieren callar.
Es urgente que las autoridades actúen, que se abra una investigación transparente y que se proteja a las víctimas. La ciudad de Camagüey merece que sus verdaderos hijos ilustres sean ejemplos de integridad, no símbolos de abuso.
¡Basta de encubrir a los depredadores, la verdad debe salir a la luz!.
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