Mairet González Viera, mujer de 43 años y paciente de hemodiálisis durante las últimas dos décadas, enfrenta una situación que desafía la dignidad humana. Desde el pasado 16 de noviembre, Mairet permanece hospitalizada en el Hospital Clínico Quirúrgico “Juan Bruno Zayas” de Santiago de Cuba tras sufrir una grave fractura de cadera y fémur, producto de una descalcificación ósea severa derivada de años de tratamiento renal. Lo que debería ser un entorno de cuidado y atención se ha convertido en un escenario de abandono y negligencia que pone en riesgo su vida.
El problema más alarmante es la absoluta falta de transporte para garantizar su traslado, tanto hacia su hogar como hacia sus sesiones de hemodiálisis. Cada intento de la familia por coordinar su traslado a través del SIUM termina con la misma respuesta: “No hay ambulancias con camilla disponibles en la provincia”.
Este obstáculo, que a primera vista parece logístico, refleja una falla estructural del sistema de salud que vulnera derechos fundamentales y convierte a los pacientes crónicos en víctimas de un sistema que promete protección y atención pero falla en cumplirla.
La situación de Mairet no es un caso aislado. Revela un patrón preocupante: la incapacidad de garantizar servicios básicos para quienes dependen de tratamientos continuos y vitales. La salud no debería ser un privilegio condicionado por la disponibilidad de recursos, sino un derecho protegido.
La falta de coordinación y de recursos adecuados expone a los pacientes a riesgos que pueden ser fatales, transformando la hospitalización en una espera angustiante y peligrosa.
Exigir atención médica digna y transporte garantizado no es un capricho, es un reclamo por justicia y humanidad. Las autoridades sanitarias deben asumir la responsabilidad de asegurar que pacientes como Mairet reciban la atención que su condición requiere, sin excusas ni demoras. La propaganda de “potencia médica” se derrumba frente a la evidencia del abandono: lo que predomina es la indiferencia ante el sufrimiento de quienes dependen de la atención del sistema para sobrevivir.
Es momento de visibilizar esta realidad y demandar soluciones inmediatas. La salud no puede seguir subordinada a la burocracia ni a la falta de recursos. Cada día que Mairet permanece sin el tratamiento adecuado es un día que el sistema de salud falla en su deber más básico: preservar la vida.
Fuente: La Tijera
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