Las autoridades de Camagüey anunciaron la detención de ocho ciudadanos acusados de revender pasajes y especular con los precios del transporte, en un operativo presentado como un “golpe” contra la ilegalidad.
Sin embargo, la información publicada por el perfil de Facebook Alex de Cuba, que dio a conocer el suceso, pone sobre la mesa un problema que va mucho más allá de estos arrestos: la crisis estructural del transporte, generada por décadas de desatención estatal, continúa forzando a miles de cubanos a depender de redes informales para poder moverse entre provincias.
Según los datos compartidos, los detenidos organizaban un sistema paralelo al de la terminal oficial, desviando ómnibus y autos particulares hacia zonas donde podían imponer sus tarifas. Aunque estas prácticas son condenables y empobrecen aún más a la ciudadanía, los camagüeyanos coinciden en que tales conductas no nacen de la nada: prosperan porque el transporte estatal es incapaz de cubrir la demanda más básica.
Los pasajeros de la terminal de Camagüey llevan años denunciando que no hay disponibilidad de pasajes, que los ómnibus se cancelan sin explicación y que el desorden ha sido terreno fértil para revendedores, inspectores corruptos y choferes que solo trabajan si cobran por fuera.
Aun así, el discurso oficial se limita a presentar estas detenciones como un logro, evitando reconocer las causas de fondo que empujan a la población a un mercado informal cada vez más caro y caótico.
De acuerdo con la información divulgada por Alex de Cuba, las autoridades investigan la magnitud de la red, pero muchos ciudadanos expresan escepticismo.
No creen que este operativo cambie nada mientras la terminal siga funcionando con escasez, retrasos constantes y un sistema de asignación de pasajes que, en la práctica, deja a la mayoría sin opciones.
Para los camagüeyanos, la lección es clara: pueden detener a ocho, a veinte o a cincuenta revendedores, pero mientras el Estado no garantice un servicio de transporte digno, seguirán surgiendo personas dispuestas a llenar el vacío al precio que sea y miles de cubanos continuarán siendo víctimas de una crisis que no provocaron, pero que sí pagan cada día.
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