La reunión entre altos mandos militares de Cuba y Estados Unidos en torno a la Base Naval de Guantánamo ha dejado un elemento político llamativo: el cambio de tono en el discurso oficial cubano. Tras décadas de calificar este territorio como “ocupado ilegalmente” y exigir su devolución como principio irrenunciable de soberanía, el Ministerio de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (MINFAR) utilizó ahora un lenguaje técnico, neutral y cooperativo para describir el encuentro. Sin referencias a la ocupación ni al conflicto histórico, el comunicado habla de “coordinación”, “seguridad” y “comunicación entre mandos militares”, lo que contrasta con la retórica tradicional del régimen y abre interrogantes sobre la consistencia de su discurso político frente a la práctica diplomática y militar.
Durante más de seis décadas, la Base Naval de Guantánamo ha sido uno de los símbolos centrales de la narrativa política del gobierno cubano frente a Estados Unidos. Desde Fidel Castro hasta la actual administración, el discurso oficial ha insistido en que se trata de un “territorio ocupado ilegalmente” y una “base militar imperialista”, cuya devolución ha sido presentada como una exigencia histórica de soberanía nacional.
Sin embargo, el reciente encuentro entre el general cubano Roberto Legrá Sotolongo y el jefe del Comando Sur de Estados Unidos, Francis L. Donovan, muestra un enfoque notablemente distinto en la comunicación oficial del MINFAR.
En su comunicado, las Fuerzas Armadas Revolucionarias describieron la reunión como “positiva” y centrada en la “seguridad en torno al perímetro divisorio del enclave militar”, sin mencionar en ningún momento conceptos como ocupación, ilegalidad o soberanía, términos habituales en la retórica política del gobierno cubano.
Este cambio de lenguaje llama la atención, especialmente porque contrasta con décadas de declaraciones públicas en las que la devolución de Guantánamo ha sido presentada como una condición innegociable en las relaciones bilaterales con Washington.
El hecho de que la reunión fuera anunciada inicialmente por el propio Comando Sur de Estados Unidos añade otro elemento significativo. Según los registros recientes, no es la primera vez que Washington toma la delantera en la divulgación de contactos sensibles, mientras que La Habana responde posteriormente con comunicados adaptados a la información ya publicada.
Este patrón refuerza la percepción de una comunicación reactiva por parte del gobierno cubano, que ajusta su narrativa una vez que los hechos son públicos, en lugar de liderar el relato diplomático.
Más allá del intercambio militar, lo que destaca es la coexistencia de dos discursos: uno político, cargado de retórica histórica sobre soberanía y confrontación; y otro institucional, más pragmático, que reconoce la necesidad de cooperación operativa y comunicación entre ambas fuerzas armadas.
La diferencia entre ambos planos evidencia una contradicción recurrente en la política exterior cubana: mientras en el discurso interno se mantiene una narrativa firme de confrontación, en la práctica se adoptan fórmulas de entendimiento técnico y coordinación con la contraparte estadounidense.
En este contexto, el caso de Guantánamo vuelve a exponer la distancia entre la retórica oficial y la realidad de los canales de comunicación que, aunque discretos, siguen activos entre ambos gobiernos.
Fuentes: U.S. Southern Command
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