La llamada “Opción Cero” ya no es un anuncio abstracto ni una amenaza lejana. En la provincia de Granma, las autoridades lo confirmaron en la televisión local: cancelaciones, reajustes y recortes severos en el transporte público como respuesta a la crisis energética que atraviesa Cuba. Lo que se presentó con tono administrativo es, en la práctica, un golpe directo a la vida diaria de miles de personas.
En el video compartido por Rolando Nápoles, la voz oficial intenta normalizar lo que en realidad es una situación límite. Se habla de reorganizar rutas, de priorizar algunos servicios y de “ajustarse a las condiciones actuales”. Pero detrás de ese lenguaje frío hay una verdad evidente: la gente no podrá moverse, o lo hará con enormes dificultades. Trabajadores, estudiantes, ancianos y enfermos quedan atrapados en un sistema que ya estaba colapsado y ahora se reduce aún más.
La crisis energética vuelve a servir como justificación para trasladar el peso del problema a la población. No se anuncian soluciones reales ni plazos claros. Solo restricciones. Solo sacrificios. Siempre los mismos. La “Opción Cero” significa menos ómnibus, menos horarios, más caminatas forzadas y más horas perdidas intentando llegar al trabajo, a la escuela o a un hospital. Para muchos, simplemente significará no llegar.
Rolando Nápoles pone el dedo en la llaga al visibilizar lo que el discurso oficial intenta suavizar. No se trata solo de transporte, se trata de derechos básicos. En un país donde los salarios no alcanzan para pagar alternativas privadas, recortar el transporte público equivale a encerrar a la gente en sus barrios. La movilidad se convierte en un privilegio, no en un servicio.
Lo más preocupante es el tono de resignación con el que se comunican estas medidas. Como si no hubiera otra opción. Como si la precariedad fuera un destino inevitable y no el resultado de años de mala gestión. No hay mención a responsabilidades, ni a errores acumulados, ni a planes para evitar que la situación empeore.
Granma es hoy un espejo de lo que puede extenderse al resto del país. La “Opción Cero” no es solo una respuesta a la crisis energética: es una muestra más del agotamiento de un modelo que ya no puede garantizar lo mínimo. Mientras las autoridades ajustan y cancelan, el pueblo vuelve a quedar solo, caminando largas distancias, cargando cansancio, frustración y silencio.
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