¿El cambio de poder traerá el cambio de moneda?

Cuando en la Asamblea del Poder Popular, el presidente de Cuba, Raúl Castro, volvió a tocar el escondido tema de la dualidad monetaria y cambiaria, parecía que la solución se estaba acercando. Sin embargo, llegar a la tan añorada y necesaria unión implica algo más que voluntad política, requiere productividad económica que sustente el cambio.

Unido al peso cubano y al peso convertible está, persistentemente adjunto, el dólar estadounidense como moneda fuerte y de uso en transacciones. Entre ellos tres se establece un mundo cambiario que en Cuba se mueve sobre los márgenes de la legalidad, con las extrañas tasas fijadas por el gobierno para empresas y bancos, y de la ilegalidad, mantenida por aquellos que adquieren los verdes y los reintroducen en el mercado popular.

Existen rumores sobre como las personas con cuentas bancarias no perderán dinero tras los ajustes financieros, ni tampoco aquellos que lo tienen en su casa. No obstante existiría un límite de 7 mil CUC permisibles al canje, y para aquellos con depósitos en dólares se les cambiará a dos pesos por cada dólar.

Aunque aún es muy pronto para hablar de cambios, ya que todo es bastante incierto en este sentido, debido al hermetismo con que las autoridades están llevando el tema, sí se puede ver que el sistema cambiario cubano y su relación con el dólar estadounidense tiene una larga historia de deformaciones, la cual nos lleva al desajuste actual.

Antes de 1959, el dólar llegó a tener una tasa de cambio de uno por uno frente al peso cubano, y en la actualidad el Banco Central de Cuba lo paga a 0.87 centavos, mientras las operaciones cambiarias clandestinas lo pueden llegar a pagar a 0.97 centavos frente al CUC.

Cuando se produjo el Periodo Especial en los años 90, el dólar disparó su venta hasta 150 pesos. Después alcanzó su estabilidad actual por intervención del gobierno y se ubicó en los conocidos 24 pesos a la venta. Esta tasa no ha cambiado desde esas fechas, sin importar que la economía cubana de traspiés, que el bloqueo se recrudezca, que los dirigentes tomen malas decisiones o que persistan las fallas sistémicas provocadas por una planificación económica heredada del modelo soviético.

El cuento del dólar en Cuba, en las cercanías temporales, tuvo un impuesto del 20 por ciento, hasta que con el comienzo de la presidencia de Raúl Castro se decidió reducir la tasa impositiva a 10 puntos porcentuales. Mientras, el movimiento que vive esta moneda en la actualidad de la isla viene dado por el “trapicheo” de las personas que viajan a Centroamérica, México o Rusia en busca de mercancías, y por tanto requieren de una compra rápida de los conocidos “billetes verdes”.

Los economistas y entendidos del tema aseguran que en Cuba no se podrá llegar a la unificación monetaria que el pueblo vaticina debido a una posible inflación que se produciría de reducir drásticamente el valor cambiario de ambos pesos. Lo cierto es que sin la unión no se podrá aplicar una estrategia económica razonable, y hasta que la economía no despegue con buenas alas no podrá llegarse a la idea de contar con un solo peso. El escenario es complicado.