Miguel Díaz-Canel, conocido ya como el monarca de los apagones, reapareció con uno de sus habituales recorridos “motivacionales”. Esta vez, el escenario fue el Taller de Tubería de la Empresa de Mantenimiento a Centrales Eléctricas en Marianao. Con casco y guayabera, el gobernante inspeccionó el trabajo de corte y soldadura de tuberías para termoeléctricas, en una puesta en escena más simbólica que efectiva.
La escena parecía extraída del surrealismo tropical: el mandatario, rodeado de técnicos, se interesaba por “economizadores de salida” y “sobrecalentadores colgantes de techo”, en un intento por demostrar control sobre una crisis energética que asfixia a la población.
Según el discurso oficial, el culpable de los apagones no es el modelo económico obsoleto ni la falta de inversión, sino tubos oxidados que obstruyen el flujo energético del país.
El gobierno insiste en que la solución a los apagones pasa por la fabricación de piezas metálicas y ciclos “inaplazables” de mantenimiento. En Santa Cruz del Norte, se producen cuatro elementos tubulares simultáneamente.
La hazaña se reporta como un éxito laboral, aunque millones de cubanos siguen sin electricidad y con escasas esperanzas de cambio real.
Vicente de la O Levy, ministro de Energía y Minas, ha encabezado esta narrativa tubular desde 2024, asegurando que los cortes eléctricos son consecuencia directa de fallos en las calderas. Así, términos como “recalentador” y “flushing” han pasado a formar parte del vocabulario oficial, desplazando cualquier referencia a problemas estructurales.
Mientras tanto, el pueblo recibe promesas. En Felton, por ejemplo, tras limpiar apenas una cuarta parte de los tubos en febrero, la central colapsó nuevamente, como lo ha hecho en innumerables ocasiones. Pero el discurso se mantiene: "resistir, confiar, esperar"... mientras las luces no regresan.
La verdadera crisis, sin embargo, no está en el acero, sino en un régimen que lleva décadas taponando los conductos de libertad y desarrollo. Y aunque el poder insista en hacernos creer que los tubos lo explican todo, lo cierto es que la oscuridad de Cuba no se disipa con soldaduras, sino con voluntad de cambio.
Porque el país sigue apagado, pero los tubos… ya están chequeados.
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