Groenlandia, la gran isla cubierta de nieve, se halla en el centro del pulso geopolítico. Mientras Washington pone un precio, Copenhague y los habitantes de Groenlandia no quieren se hable del tema.
La Administración Trump ha reactivado con fuerza su vieja aspiración de incorporar Groenlandia a Estados Unidos y, según fuentes citadas por la cadena NBC News, la Casa Blanca maneja una cifra de hasta 700.000 millones de dólares como posible compensación a Dinamarca por la cesión del territorio ártico. El cálculo, encargado a académicos y exfuncionarios, apunta a una vía económica como alternativa —aunque lejana— a la anexión, mientras el uso de un lenguaje duro y la alusión a opciones militares funcionarían como palanca para empujar una negociación diplomática.
La propuesta ha sido rechazada de forma categórica tanto por Dinamarca como por el propio Gobierno de Groenlandia. En reunión celebrada en Washington este miércoles, el vicepresidente JD Vance y el secretario de Estado Marco Rubio se sentaron con el ministro de Exteriores danés, Lars Løkke Rasmussen, y la ministra groenlandesa, Vivian Motzfeldt. El mensaje europeo fue inequívoco: la integridad territorial danesa y la soberanía del pueblo groenlandés no están en venta.
Rasmussen recordó además que Dinamarca es miembro fundador de la OTAN y que existe un tratado bilateral de 1951 que permite a Estados Unidos desplegar tropas en la isla cuando lo considere necesario, previa solicitud. Es decir, desde el punto de vista de la defensa, Washington ya cuenta con amplias facilidades operativas en el territorio, lo que debilita el argumento de que la única solución para garantizar la seguridad sea un cambio de soberanía.
Aun así, las partes acordaron explorar un terreno común en materia de seguridad. Se creará un grupo de trabajo para evaluar cómo reforzar la cooperación defensiva sin traspasar las “líneas rojas” políticas fijadas por Copenhague y Nuuk. Las primeras reuniones están previstas para las próximas semanas, con el objetivo de reducir tensiones y canalizar el diálogo hacia fórmulas prácticas de colaboración.
Trump, sin embargo, no ha moderado su discurso. Antes y después del encuentro, reiteró que Estados Unidos “necesita” Groenlandia por su posición estratégica en el Ártico y por su potencial minero, especialmente en un contexto de deshielo que abre nuevas rutas marítimas de alto valor geopolítico. El presidente ha enmarcado su presión en la competencia con China y Rusia por la influencia en la región, afirmando que Dinamarca carece de capacidad suficiente para disuadir a esas potencias.
Desde Nuuk, el primer ministro Jens-Frederik Nielsen fue tajante: Groenlandia no quiere formar parte de Estados Unidos y apuesta por mantener su vínculo con Dinamarca y su proyección europea. Esa postura ha elevado el tono del intercambio político, con respuestas personales por parte de Trump que han aumentado la fricción diplomática.
En síntesis, Washington combina el cálculo económico con la retórica de máxima presión para forzar conversaciones, mientras Dinamarca y Groenlandia blindan su negativa a cualquier traspaso de soberanía. El desenlace, por ahora, se juega en el terreno de la cooperación defensiva y la negociación política, no en el de la compraventa territorial.
Fuente: El Economista
Propuesta legislativa en Florida endurece reglas contra el uso del teléfono al volante
Hace 10 horas
Abogado explica por qué recomienda cerrar la corte a cubanos con Ley de Ajuste (Video)
Hace 16 horas
Identifican a víctima hallada sin vida en la línea férrea de San Cristóbal, Artemisa
Hace 23 minutos
Mike Hammer y la diplomacia de a pie: un viaje en Uber que conectó con la Cuba del exilio
Hace 1 día