El presidente de Cuba, Miguel Díaz-Canel, rechazó este 28 de febrero la ofensiva militar conjunta lanzada por Israel y Estados Unidos contra Irán, calificándola como una violación directa del Derecho Internacional y de la Carta de las Naciones Unidas.
A través de la red social X, el mandatario sostuvo que los ataques vulneraron la soberanía y la integridad territorial iraní. En un segundo mensaje, afirmó que la operación frustra nuevamente los intentos diplomáticos en torno al programa nuclear de Teherán y advirtió que pone en riesgo la estabilidad regional e internacional. Asimismo, instó a la comunidad internacional a intervenir de inmediato para frenar lo que describió como una agresión con consecuencias imprevisibles.
La reacción de La Habana se produjo tras una ofensiva que Israel bautizó como “León Rugiente”, mientras que la acción coordinada con Washington fue presentada como “Escudo de Judá”. El presidente estadounidense, Donald Trump, confirmó el inicio de “operaciones de combate mayores” y aseguró que las principales instalaciones iraníes de enriquecimiento nuclear quedaron destruidas.
Los bombardeos incluyeron incursiones aéreas y marítimas contra infraestructuras en Isfahan, Natanz y Fordow, además de objetivos militares y de inteligencia en Teherán. El primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, agradeció el respaldo estadounidense y describió la ofensiva como un paso decisivo frente a lo que considera una amenaza existencial.
Irán respondió con el lanzamiento de misiles y drones contra territorio israelí. El Cuerpo de Guardianes de la Revolución Islámica anunció una amplia oleada de ataques, mientras sonaban sirenas antiaéreas en Tel Aviv y otras ciudades. La tensión reavivó además la preocupación por el posible cierre del Estrecho de Ormuz, vía estratégica por la que transita cerca del 20 % del petróleo mundial.
Más allá del posicionamiento político de La Habana, el conflicto impacta en un momento especialmente delicado para la isla. Cuba atraviesa una severa crisis energética, con apagones prolongados, paralización industrial y afectaciones hospitalarias. Desde el 3 de enero, tras la caída de Nicolás Maduro en Venezuela, cesaron los envíos de crudo que durante décadas sostuvieron el sistema eléctrico cubano.
A esta situación se sumó una orden ejecutiva firmada el 29 de enero por Trump que impuso aranceles a los países que comercializaran petróleo con Cuba, lo que llevó a México a suspender suministros. Aunque posteriormente el mandatario aseguró haber retirado esas medidas, el alza del precio del barril —que ya superaba los 73 dólares antes del ataque— complica aún más el escenario.
Analistas advierten que una eventual interrupción del tránsito por Ormuz podría disparar el petróleo por encima de los 100 dólares, un nivel difícilmente asumible para la economía cubana, que enfrenta escasez de combustible, inflación y un sistema eléctrico al límite.
La ofensiva contra Irán se enmarca, además, en una estrategia que la Casa Blanca ha vinculado con Venezuela y Cuba. Tras la captura de Maduro y las restricciones petroleras a La Habana, Washington presenta la acción del 28 de febrero como parte de una doctrina frente a gobiernos considerados hostiles. En ese contexto, Trump anunció recientemente la posibilidad de una “toma amistosa y controlada” de Cuba y confirmó que el senador Marco Rubio mantiene contactos de alto nivel con autoridades cubanas.
Mientras tanto, las declaraciones de Díaz-Canel contrastan con la fragilidad interna de la isla, donde cualquier alteración en el mercado energético internacional puede acelerar una crisis que ya avanza contrarreloj.
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