La zafra azucarera en Cuba continúa sumida en una grave crisis, y en la provincia de Camagüey la campaña actual no es la excepción. Tras años de bajos rendimientos productivos y fallas estructurales que han golpeado al sector, la falta de combustible y la escasez de energéticos han paralizado buena parte de las actividades clave de la industria azucarera, dejando a los centrales y campos sin la capacidad de producir al ritmo necesario para cumplir con los planes. Informes oficiales señalan que la producción de caña y el traslado hacia los ingenios ha caído drásticamente, y los trabajadores agrícolas han visto interrumpida una de las actividades más importantes de su economía local.
Las autoridades cubanas han responsabilizado directamente al llamado “bloqueo petrolero” impuesto por Estados Unidos como causa principal del deterioro actual. Según estas versiones, las medidas estadounidenses contra los suministros de petróleo —incluidas amenazas de sanciones a países que exporten combustibles a la isla— han reducido drásticamente la llegada de energéticos necesarios para mover maquinarias, camiones y molinos, además de alimentar generadores y equipos auxiliares en el campo y la industria. Este asedio energético, que según funcionarios se profundizó tras restricciones y órdenes ejecutivas emitidas por el gobierno norteamericano, ha provocado que muchos ingenios detengan su producción o operen por debajo de su capacidad, mientras que los cortadores de caña y transportistas enfrentan dificultades crecientes para realizar su trabajo.
La zafra azucarera es una actividad altamente dependiente de la energía. La mecanización del corte y el transporte de caña, así como el funcionamiento de los molinos, requieren grandes cantidades de combustible para combustión interna, y la falta de diesel y otros derivados ha obligado a priorizar tareas manuales o detener operaciones por completo. En muchos casos, los agricultores han tenido que recurrir al corte manual —menos eficiente y más costoso en tiempo— para compensar la falta de máquinas. El resultado es un atraso considerable en la cosecha, menos materia prima disponible para molienda y, en última instancia, menores niveles de producción de azúcar crudo y subproductos.
En Camagüey, según reportes de medios estatales, los planes iniciales de producción proyectaban decenas de miles de toneladas métricas de azúcar, pero la actual campaña se ha visto marcada por paros repetidos en centrales clave y bajas entregas de caña. Esto no solo afecta la economía regional, sino que también profundiza la crisis nacional del sector azucarero, que arrastra múltiples años de estancamiento y declive en sus cifras, con producción muy por debajo de los niveles históricos.
Las autoridades han advertido que la prolongación de la crisis energética y la falta de combustible podría obligar a diseñar estrategias alternativas para futuras zafras, incluyendo mayores incentivos para el corte manual y esfuerzos por diversificar fuentes de energía. Sin embargo, la persistencia de la escasez de combustibles y la dependencia de insumos externos hacen que la estabilidad del sector siga siendo incierta.