El Gobierno de Cuba anunció una drástica reducción en la circulación de la prensa escrita, una medida que refleja la gravedad de la crisis estructural que atraviesa el sistema estatal de medios. A partir del 2 de marzo de 2026, los periódicos nacionales Granma y Juventud Rebelde solo se imprimirán una vez por semana, limitando su extensión a ocho páginas, mientras que los diarios provinciales dejarán de publicarse por completo. El semanario Trabajadores mantendrá su frecuencia, pero el resto del país se enfrentará a un vacío informativo sin precedentes.
Según las autoridades, la decisión responde a la escasez de recursos causada por el “recrudecimiento del bloqueo” estadounidense y el impacto de la Orden Ejecutiva emitida por la Administración Trump a fines de enero, que ha afectado el suministro de combustible y papel.
Sin embargo, especialistas y observadores independientes señalan que esta medida también evidencia problemas internos: deterioro de la infraestructura, gestión insuficiente de suministros y años de acumulación de dificultades financieras que afectan la producción y distribución de medios impresos.
El cambio supone un desafío enorme para la población. Muchos cubanos, especialmente personas mayores y quienes no dominan el uso de teléfonos inteligentes, dependen de los periódicos impresos como fuente principal de información. La eliminación de los diarios provinciales podría dejar incomunicadas a comunidades enteras, privándolas de noticias locales y afectando el seguimiento de asuntos cotidianos que no siempre se reflejan en plataformas digitales.
El Gobierno ha prometido reforzar el acceso a las versiones en línea de estos medios y ofrecer datos móviles gratuitos para consultarlos. Sin embargo, en un país donde la conectividad es limitada y el costo del acceso a internet sigue siendo alto, la medida podría ampliar la brecha informativa entre quienes tienen recursos para conectarse y quienes no. Esto plantea dudas sobre la efectividad de la estrategia digital frente a la desaparición del soporte físico, que históricamente ha sido el más accesible para amplios sectores de la población.
La reducción de la prensa impresa no solo afecta al acceso a la información, sino que también pone de relieve la fragilidad del sistema mediático oficial, acostumbrado a depender de recursos estatales y a mantener el control centralizado de la circulación de noticias. A largo plazo, esta situación podría incentivar la búsqueda de fuentes alternativas de información, aumentar la desinformación y generar mayor dependencia de canales digitales donde el control y la censura son difíciles de supervisar.
La decisión de limitar Granma y Juventud Rebelde y eliminar los periódicos provinciales refleja un país en crisis que no puede sostener su aparato mediático tradicional. Mientras se promociona la transición hacia lo digital, millones de cubanos enfrentan la realidad de que la información en papel, hasta ahora accesible y cotidiana, se está desvaneciendo, dejando un vacío que difícilmente podrá llenarse de inmediato.
Fuente: sitio oficial de Granma
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