Durante años, Erly Casanova fue sinónimo de entrega, sacrificio y pertenencia en el béisbol pinareño. No solo por su apellido ilustre, heredero de una estirpe profundamente ligada a la historia de Pinar del Río, sino por su constancia en el montículo, su longevidad deportiva y su disposición a lanzar cuando más lo necesitaba el equipo. Para muchos aficionados, Casanova representaba al pelotero que resistía, que permanecía, que apostaba por su provincia incluso en tiempos de crisis del béisbol cubano.
Ese reconocimiento popular se consolidó con actuaciones clave, con marcas personales relevantes y, sobre todo, con momentos de alto contenido humano que trascendieron el terreno de juego. Sin embargo, el mismo lanzador que fue símbolo de compromiso y ejemplo para la afición pinareña, hoy aparece marginado del sistema, sancionado y empujado a solicitar su baja del béisbol cubano, no por bajo rendimiento deportivo, sino por decisiones administrativas que marcaron un punto de no retorno.
Desarrollo
La carrera de Erly Casanova se fue construyendo con paciencia. Nunca fue una figura mediática ni un talento fugaz, sino un lanzador de recorrido largo, confiable, capaz de asumir responsabilidades en momentos complejos. Su nombre quedó asociado a la estabilidad del staff de Pinar del Río y, con el paso del tiempo, a cifras que lo colocaron entre los pitchers activos más respetados de la Serie Nacional.
Pero el episodio que terminó de sellar su condición de referente para la afición ocurrió fuera de cualquier cálculo estadístico. En medio de una de las etapas más duras de su vida personal, tras el fallecimiento de su esposa luego de una prolongada enfermedad, Casanova volvió al montículo para lanzar por su equipo. Aquella salida, asumida en pleno duelo, fue interpretada por muchos como un acto de entereza y compromiso extremo, un gesto que reforzó su imagen de pelotero íntegro, capaz de anteponer el deber deportivo incluso en circunstancias devastadoras.
Ese capital simbólico, sin embargo, no fue suficiente para protegerlo cuando el conflicto con las estructuras del béisbol cubano salió a la superficie. La raíz del problema se encuentra en la gestión de un contrato en el exterior, negociado directamente por el propio jugador, sin canalizarlo a través de los mecanismos oficiales establecidos por la Federación Cubana de Béisbol. En el contexto actual del deporte cubano, este tipo de proceder es considerado una violación grave del reglamento.
La sanción no tardó en llegar: un año de suspensión de toda actividad oficial, decisión que fue comunicada públicamente y que colocó a Casanova fuera del sistema competitivo. Más allá del castigo en sí, el caso generó controversia por varios elementos: la falta de una notificación clara al jugador, la severidad de la medida en comparación con otros casos similares y la rigidez de un modelo que penaliza la autogestión del atleta en un escenario donde las condiciones económicas siguen siendo precarias.
A partir de ese momento, el discurso institucional cambió por completo. El lanzador que durante años fue útil, confiable y exhibido como ejemplo de permanencia pasó a ser tratado como un infractor. No hubo reconocimiento a su trayectoria, ni consideración pública de su situación personal reciente, ni señales de voluntad para encontrar una solución intermedia. La sanción funcionó, en los hechos, como un acto de exclusión.
Ante ese panorama, la solicitud de baja del béisbol cubano aparece menos como una decisión impulsiva y más como una consecuencia lógica. Para Casanova, continuar bajo un sistema que lo sanciona y lo invalida profesionalmente deja de ser una opción viable. Para la afición pinareña, en cambio, el caso se convierte en otro episodio doloroso de desconexión entre quienes sostienen el béisbol desde las gradas y quienes lo administran desde los despachos.
La historia reciente de Erly Casanova resume, en muchos sentidos, las contradicciones del béisbol cubano contemporáneo. De héroe silencioso y símbolo de resistencia provincial, a jugador sancionado y apartado por buscar alternativas fuera de un sistema que ofrece pocas. Su caso no es únicamente el de un lanzador castigado por incumplir un reglamento, sino el reflejo de un modelo que sigue perdiendo a hombres formados en casa, no por falta de amor al juego, sino por falta de espacios para sobrevivir dentro de él.
Mientras los aficionados recuerdan sus victorias, su entrega y aquel día en que lanzó con el dolor a cuestas, las estructuras que rigen el béisbol cubano lo despiden con una sanción. Entre una imagen y la otra, queda una pregunta abierta que ya no se refiere solo a Erly Casanova, sino al futuro mismo del béisbol en Cuba.
La Habana afrontará apagones rotativos del 12 al 18 de enero por déficit de generación
Hace 12 horas
Caso Alejandro Gil reabre sombras sobre la alianza Cuba-Venezuela tras la caída de Maduro
Hace 1 día
Cuba guarda silencio ante masacre en Irán y amplifica propaganda del régimen de Teherán
Hace 6 horas