La situación en la Sala de Cirugía del Hospital Provincial de Camagüey ha llegado a un punto que muchos califican como inhumano. Pacientes, familiares y hasta trabajadores del centro denuncian que cada ingreso se convierte en una batalla diaria contra la falta de recursos, el abandono y la indiferencia de un sistema de salud que alguna vez fue orgullo nacional, pero que hoy apenas sobrevive entre carencias extremas.
Lo primero que golpea a quienes llegan es la ausencia total de insumos básicos. Solicitar un apósito, una torunda o cualquier material de cura se ha vuelto una misión imposible. “Pides un apósito y no hay; material de cura, nada. Si la enfermera de curas se va, no queda ni una torunda para canalizar una vena”, asegura un acompañante. La desesperación aumenta cuando se exige un medicamento que tampoco existe en la farmacia hospitalaria, ni en almacenes, ni en ninguna parte.
La higiene tampoco escapa a la crisis. Los baños suelen estar en condiciones deplorables y la limpieza depende, en muchos casos, de reclusos que trabajan hasta las 4:00 p.m. Luego de ese horario, los pasillos quedan abandonados a su suerte. Y aunque algunos acompañantes intentan mantener el orden, otros contribuyen al deterioro tirando basura en cualquier parte o dañando lo poco que queda.
Pero lo más grave es la falta de medicamentos esenciales. Antibióticos vitales como la ceftriaxona o el rocephin simplemente “no existen”. Y cuando un familiar consigue comprarlo fuera —a precios imposibles— el hospital impone trabas burocráticas que retrasan tratamientos urgentes. “Casi parece que prefieren que el paciente se muera”, lamenta una mujer que acompaña a su madre ingresada.
El dolor tampoco se atiende como debería: no hay analgésicos básicos. Si la familia no trae diclofenaco, dipirona o un calmante, el enfermo debe soportar horas de sufrimiento sin alivio. A esto se suma la falta de higiene, el deterioro de instalaciones, baños rotos, cucarachas y personal médico agotado que trabaja sin los recursos mínimos para ejercer.
Muchos señalan con razón que esta crisis no es nueva. Otros cuestionan la indisciplina social que también agrava el panorama. Pero nadie puede negar que el sistema de salud cubano está colapsado, y que la población, especialmente la más pobre, es quien paga el precio.
Enfermarse en Cuba, hoy, es un riesgo. Y eso debería estremecer a todo un país.
Fuente: José Luis Tan
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