Carlos Fernández de Cossío, viceministro de Relaciones Exteriores de Cuba
El régimen cubano parece dispuesto a abrir una nueva vía de acercamiento con Washington en medio de la profunda crisis económica y energética que enfrenta la isla. Un alto funcionario de La Habana afirmó que el gobierno está preparado para dialogar con empresarios estadounidenses, e incluso con el presidente Donald Trump, siempre que cualquier acuerdo respete las leyes cubanas.
La declaración fue realizada por Carlos Fernández de Cossío, viceministro de Relaciones Exteriores y uno de los principales interlocutores de Cuba con Estados Unidos, en una entrevista concedida a The New York Times.
El funcionario reconoció que la presión ejercida por la Administración Trump está golpeando con fuerza a la economía cubana, especialmente por las dificultades para acceder al combustible. La situación ha coincidido con una fuerte caída del turismo y con sucesivos colapsos del sistema eléctrico nacional, aumentando la presión sobre un gobierno que lleva años enfrentando una crisis estructural.
Fernández de Cossío defendió las recientes medidas económicas anunciadas por el régimen, entre ellas una mayor apertura a la inversión extranjera, como una estrategia para enfrentar las dificultades actuales. Según explicó, Cuba busca atraer capital de cualquier país y esa política, en principio, tampoco excluiría a Estados Unidos.
Preguntado específicamente sobre la posibilidad de que Trump o su organización participen en negocios dentro de la isla, el funcionario respondió que no existe una razón para impedirlo si se trata de una iniciativa pacífica y cumple con las leyes cubanas.
Las declaraciones representan un giro llamativo frente al discurso tradicional del régimen cubano, que durante décadas ha denunciado a Estados Unidos como su principal enemigo y ha acusado a Washington de intentar provocar un cambio político en la isla.
Fernández de Cossío, sin embargo, dejó claro que La Habana no está dispuesta a negociar su sistema político ni su Constitución con el gobierno estadounidense. El régimen considera que sus asuntos internos no están sujetos a negociación, aunque sí parece dispuesto a discutir cuestiones económicas y comerciales.
El viceministro también reconoció el impacto de la política estadounidense para impedir que terceros países suministren combustible a Cuba. Afirmó que La Habana espera que Rusia, México, Brasil u otras naciones continúen enviando petróleo y cuestionó que Washington pueda presionar a empresas extranjeras para impedir sus operaciones comerciales con la isla.
En medio de las tensiones, el funcionario rechazó las declaraciones de Trump sobre la posibilidad de «tomar Cuba» y calificó de absurda una eventual intervención militar. No obstante, aseguró que el régimen mantiene preparativos defensivos y que su estrategia se basa en la participación de la población.
El mensaje central de La Habana parece ser claro: no está dispuesta a ceder en el terreno político, pero sí busca abrir las puertas a negocios e inversiones extranjeras para aliviar su deteriorada economía. Incluso la posibilidad de atraer capital estadounidense, que durante años fue presentada por el régimen como una amenaza, parece ahora formar parte de las opciones que Cuba está dispuesta a explorar.
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