Las recientes declaraciones de Aleida Guevara, hija de Ernesto “Che” Guevara, han provocado reacciones de incredulidad y burla tanto dentro como fuera de Cuba. En un discurso cargado de consignas y amenazas, Guevara advirtió a la Administración Trump que “Estados Unidos podrá entrar a Cuba, pero salir es muy difícil”, asegurando además que el pueblo cubano está “muy preparado” y que Washington “no sabe lo que le espera” en caso de una intervención militar.
Las palabras, lejos de generar temor, han sido interpretadas por analistas y ciudadanos como un eco anacrónico de la retórica revolucionaria que el régimen cubano ha repetido durante más de seis décadas. Aleida Guevara, conocida más por su apellido que por una trayectoria política o militar propia, vuelve a apelar al mito de la resistencia heroica, ignorando la realidad de un país empobrecido, con infraestructuras colapsadas y una población mayoritariamente desarmada y cansada.
Resulta llamativo que estas advertencias provengan de alguien que no vive bajo las mismas carencias que enfrenta el cubano promedio y que, al igual que otros miembros de la élite revolucionaria, ha gozado de privilegios vedados al resto de la población. Su discurso recuerda más a una puesta en escena ideológica que a un análisis serio del equilibrio militar entre Cuba y Estados Unidos.
Especialistas en geopolítica coinciden en que la idea de una invasión estadounidense a Cuba carece de sustento real en el contexto actual. Sin embargo, figuras vinculadas al oficialismo continúan usando ese escenario improbable como recurso propagandístico para justificar la represión interna y desviar la atención de la crisis económica y social que atraviesa la Isla.
Las declaraciones de Aleida Guevara también reavivan el uso simbólico de la figura del Che Guevara, un personaje cuya imagen ha sido convertida en mercancía y consigna, mientras se omite su historial de violencia y represión. En este sentido, las amenazas lanzadas desde la nostalgia revolucionaria provocan más ironía que preocupación.
En un momento en que los cubanos demandan soluciones concretas —alimentos, libertad y oportunidades—, los discursos grandilocuentes sobre guerras imaginarias parecen desconectados de la realidad y refuerzan la percepción de un liderazgo aferrado al pasado, incapaz de ofrecer respuestas al presente.
Fuente: periodista Rolando Napoles
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