El presidente de Estados Unidos Donald Trump y la presidenta encargada de Venezuela Delcy Rodríguez coincidieron en que el país sudamericano todavía no está preparado para celebrar elecciones. Las declaraciones se produjeron mientras Washington y Caracas avanzan en un acuerdo energético de gran alcance que concede a Estados Unidos una participación privilegiada en el desarrollo de una parte de las reservas petroleras venezolanas, en un pacto que ya despierta críticas por su falta de transparencia.
Trump afirmó que Venezuela todavía necesita tiempo antes de poder organizar unos comicios, aunque dijo esperar que las elecciones puedan celebrarse próximamente. Rodríguez, por su parte, ha defendido públicamente la necesidad de avanzar hacia una nueva etapa política y económica, mientras su administración estrecha la cooperación con Washington.
La ausencia de una fecha electoral concreta se produce en paralelo a la nueva estrategia estadounidense para Venezuela, que coloca la recuperación de la industria petrolera como una de sus principales prioridades. Según funcionarios estadounidenses, el objetivo es reconstruir el sector energético, estabilizar la economía y crear posteriormente las condiciones para una transición electoral.
Ante la ausencia del presidente, la Constitución venezolana contempla que el vicepresidente tome las riendas por un lapso máximo de 180 días, período que ya venció.
El elemento más polémico de esta nueva relación es el acuerdo petrolero anunciado entre ambos gobiernos y empresas privadas. El esquema involucra a North American Blue Energy Partners (NABEP) y contempla el desarrollo de 17 campos petroleros con un potencial estimado de unos 65.000 millones de barriles.
La estructura concede al Gobierno estadounidense una participación del 35 % en la empresa matriz de NABEP, además de un derecho preferente para adquirir hasta el 20 % del petróleo producido por la compañía a precio de producción. El acuerdo tiene una duración prevista de hasta 100 años.
Rodríguez sostiene que el proyecto podría atraer alrededor de 100.000 millones de dólares en inversiones y generar más de 209.000 millones en ingresos fiscales para Venezuela. Washington, entretanto, presenta el pacto como una vía para recuperar la producción petrolera venezolana y garantizar nuevas fuentes de crudo para Estados Unidos.
Sin embargo, el acuerdo ha generado fuertes cuestionamientos por la estructura financiera, la falta de transparencia y el papel del empresario venezolano Alejandro Betancourt. Críticos también advierten que priorizar la reconstrucción petrolera sin establecer primero un calendario electoral podría retrasar la normalización democrática del país.
De aquí es facil deducir que el propósito es petróleo primero, elecciones después. El nuevo escenario coloca a Venezuela ante una transición marcada por dos prioridades: recuperar una industria petrolera devastada y reconstruir sus instituciones políticas. Por ahora, Trump insiste en que las elecciones deberán esperar, mientras Washington profundiza su presencia en el sector energético venezolano.
Fuentes: AP News- El País - DW Español
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