En una votación que sacudió el tablero político en Washington, la Cámara de Representantes de Estados Unidos aprobó una legislación para extender los subsidios mejorados del Obamacare, una decisión que llega justo cuando millones de familias temían un fuerte aumento en las primas de sus seguros médicos en 2026. El resultado, 230 votos a favor y 196 en contra, fue posible gracias a un inusual bloque bipartidista que rompió la disciplina partidista y forzó el debate en el pleno.
La clave del avance estuvo en una maniobra parlamentaria poco común, conocida como “petición de descarga”, que permitió sortear el bloqueo del liderazgo republicano en la Cámara. Cuatro congresistas republicanos de distritos altamente competitivos —Brian Fitzpatrick, Robert Bresnahan y Ryan Mackenzie, de Pensilvania, y Mike Lawler, de Nueva York— se sumaron a los demócratas para empujar la propuesta, asumiendo un riesgo político considerable en pleno año preelectoral.
La medida busca extender por tres años los subsidios reforzados que se introdujeron durante la pandemia de COVID-19 y que expiraron el 31 de diciembre de 2025. Sin esta ayuda, los analistas advertían que muchas primas podrían duplicarse, golpeando con especial fuerza a los hogares de ingresos medios y bajos. En estados como Florida, donde el mercado del ACA es masivo y la gran mayoría de los afiliados depende de subsidios, el impacto habría sido devastador.
Según proyecciones presupuestarias, la extensión de la ayuda podría traducirse en cientos de miles de nuevos asegurados este año y en varios millones más hacia 2027 y 2028. Aunque el costo fiscal se estima en decenas de miles de millones de dólares durante la próxima década, los defensores sostienen que el beneficio social —menor presión financiera, mayor acceso a servicios médicos y más estabilidad para las familias— compensa con creces el gasto.
Sin embargo, el camino no está despejado. En el Senado, la propuesta enfrenta resistencia. Los líderes republicanos han dejado claro que no respaldarán una extensión “sin condiciones” y exigen reformas: límites de ingresos más estrictos, pagos mínimos por parte de los beneficiarios y mayor protagonismo de las cuentas de ahorro para la salud. Del lado demócrata, la urgencia es clara: cada mes de retraso significa más personas sin poder pagar su cobertura.
A este pulso se suma la presión del presidente Donald Trump, que impulsa un modelo de ayudas directas a través de cuentas individuales, reduciendo el rol del gobierno y de las aseguradoras. Para los demócratas, esa fórmula no garantiza protección real frente a los altos costos médicos y podría dejar a muchos desamparados.
Más allá del debate técnico, el tema se ha convertido en un arma electoral. Con millones de votantes pendientes de su seguro médico, el futuro de los subsidios del Obamacare promete ser uno de los ejes más calientes de la campaña. Por ahora, la votación en la Cámara ofrece un respiro. Pero la batalla decisiva se librará en el Senado, donde aún está por verse si el alivio para millones se convierte en ley o queda atrapado en la guerra política.
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