En medio de una crisis energética sin precedentes que ha afectado a gran parte del país, este miércoles se restableció la comercialización de gas licuado de petróleo (GLP) para uso doméstico en las provincias de La Habana, Artemisa y Mayabeque mediante un esquema de “distribución regulada”, con el objetivo de asegurar un reparto más equitativo entre los consumidores y evitar prácticas de acaparamiento, informó la prensa local.
El reinicio de la venta de gas sigue a la llegada de un nuevo cargamento del combustible, que se encontraba con inventarios significativamente bajos debido a la escasez que arrastraba desde semanas atrás en varias regiones de occidente. Esta situación coincide con apagones prolongados que han marcado la vida diaria de los cubanos, con cortes de electricidad que pueden superar las 20 horas al día en muchos lugares y hasta 17 horas diarias en zonas de la capital.
Según las autoridades encargadas de la distribución, la estrategia contempla la entrega diaria de 15 000 cilindros de gas en puntos de venta habilitados en las tres provincias, priorizando zonas urbanas con mayor densidad de clientes, edificios multifamiliares y circuitos que han sufrido mayores problemas de electricidad. Las regulaciones establecen que cada contrato solo podrá adquirir un cilindro por jornada, y los “mensajeros” o intermediarios registrados podrán comprar también un solo tanque por cliente cada día para evitar acumulación indebida de combustible.
La escasez de gas licuado en Cuba ha sido parte de una problemática energética más amplia que incluye apagones frecuentes, falta de combustible para transporte e industria, y restricciones en la generación eléctrica debido tanto a averías en instalaciones antiguas como a la disminución de importaciones de petróleo y derivados.
Este esfuerzo de regulación del GLP llega en medio de un contexto en el que el país ha experimentado fuertes limitaciones en el suministro de combustibles y energía, situación que ha impulsado medidas de racionamiento en diferentes sectores. En los meses recientes, las autoridades han tenido que reorganizar ciclos de distribución y priorizar recursos escasos para cubrir necesidades básicas de la población.
A pesar de estas medidas, la disponibilidad de gas para uso doméstico sigue siendo insuficiente en muchas áreas, lo que obliga a numerosos hogares a recurrir a métodos alternativos de cocina, como leña o carbón, en un reflejo más de la compleja realidad energética que enfrenta la isla.
En este panorama, la distribución regulada de GLP representa un intento de mitigar temporalmente el impacto de la crisis en la vida cotidiana, aunque persisten dudas sobre la suficiencia del suministro y su continuidad a largo plazo.
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